Mario se quedó helado.
—¿En toda la ciudad?
—¡En los sistemas de los dieciocho departamentos de policía de La Concordia se está transmitiendo en tiempo real este proceso de interrogatorio absolutamente absurdo! ¡Ya es un escándalo!
»¡Ve para allá ahora mismo con tu gente, detén a todo el personal de servicio del Sector 5 y asegúrate de investigar este asunto a fondo y con claridad!
Mario asintió de inmediato.
—¡Sí, Comisionado! ¡Salgo para allá ahora mismo!
***
Mientras tanto, en la sala de interrogatorios del Sector 5, Ignacio seguía amenazando verbalmente a Almendra, presionándola constantemente.
—Niñita, te lo advierto una vez más, más te vale que lo pienses bien, ¡o no serás la única que sufra las consecuencias!
Almendra, que parecía pensativa, levantó la vista y lo miró.
—¿Usted está al mando?
Ignacio resopló.
—Yo te estoy interrogando, ¡así que claro que yo estoy al mando!
—En una comisaría de policía, el director es la máxima autoridad, ¿usted es el director? —preguntó Almendra, mirándolo con escepticismo.
Ignacio se sintió insultado y se tomó la molestia de explicarle a Almendra.
—Niña, en la comisaría, el director es el que manda. Debajo del director está el subdirector, y debajo del subdirector estoy yo, ¿entiendes?
Lo que quería decir era: «Tengo el poder de decidir sobre tu vida o tu muerte, no me subestimes».
Almendra fingió sorpresa.
—¿O sea que es el tercero al mando?
Ignacio carraspeó.
—Si eres lista, firma de una vez. Es tu mejor opción.
—Entonces, si usted me está obligando a firmar aquí, ¿sus dos superiores están de acuerdo? ¿O está haciendo esto a sus espaldas? ¿No teme que los busque para denunciarlo?
Ignacio nunca se imaginó que cada pregunta de Almendra lo estaba hundiendo más en un abismo del que no era consciente. Con aire de suficiencia, miró a Almendra y sonrió.
—¿Denunciarme con ellos? ¿Estás bromeando?
Ignacio, al verla con la cabeza gacha y sin decir nada, supuso que finalmente había aceptado la realidad y se había resignado.
—Niña, firma de una buena vez. Si luego le pides perdón a la señorita Beatriz con sinceridad y la dejas satisfecha, a lo mejor te reducen la condena un par de años.
De repente, Almendra levantó la cabeza bruscamente, su voz era fría y llena de indignación.
—¡Quiero ver a su director! ¡Quiero pedirle que me haga justicia!
Ignacio no podía creer que después de todo lo que le había dicho, esta mocosa todavía no se rindiera.
***
Frente a las pantallas del sistema de los dieciocho departamentos de policía de La Concordia, todos los que observaban contuvieron la respiración, esperando la respuesta de Ignacio.
Desde su perspectiva, veían a Ignacio y la mesa de interrogatorios como si ellos fueran los interrogados.
Eso significaba que la joven interrogada llevaba una microcámara oculta.
Desde el inicio del interrogatorio, le había estado tendiendo una trampa.
Y el otro, sin darse cuenta, caía redondito en cada una, arrastrando incluso a su superior con él.

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