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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 330

Al ver a Fabián siguiendo a Almendra como un ángel guardián, y mirándola con esa ternura y devoción desbordantes, ¡Betina sentía que la envidia la estaba volviendo loca!

¿Por qué Fabián nunca la había mirado así?

¿Qué tenía Almendra que ella no?

—Gilberto, ya que mi hermana y Fabián van a despedirte, déjame ir también —así, podría pasar más tiempo con Fabián.

Gilberto sonrió.

—No hace falta, con ellos dos es suficiente. Tú tienes que quedarte a cuidar al abuelo. No me atrevería a robarle a su nieta consentida.

Betina se sintió mal, pero mantuvo la sonrisa en su rostro.

—No te preocupes, mis papás también están aquí. Te acompaño y regreso enseguida.

—Alme y yo tenemos otras cosas que hacer después, no tendremos tiempo de traerte de vuelta. Si tienes algo que decirme, puedes hacerlo ahora —intervino Fabián con una frialdad implacable.

No quería que Betina los acompañara y les arruinara el momento.

El rostro de Betina se tensó de golpe, sintiéndose más humillada que nunca.

Gilberto le dio una palmada en el hombro.

—No te preocupes. Si quieres decirme algo, podemos hablar por teléfono, ¿de acuerdo?

Betina apretó ligeramente los puños a sus costados y forzó una sonrisa.

—Claro. Buen viaje.

***

De camino al aeropuerto, Almendra conducía personalmente. Gilberto, sin ninguna ceremonia, se sentó en el asiento del copiloto, dejando a Fabián solo en el asiento trasero.

—Alme, todavía no han encontrado al verdadero culpable. Tienes que cuidarte mucho.

Quienquiera que fuese, estaba dispuesto a sacrificar una vida para cubrir sus huellas, así que el asunto no era nada simple.

Almendra asintió.

—Lo sé, no te preocupes.

Gilberto asintió también y luego levantó la voz a propósito:

—Y otra cosa, si alguien te molesta o te hace enojar, no dudes en decírmelo. Te conseguiré un amigo que sepa cómo hacerte sonreír.

Fabián: …

Almendra no pudo evitar reír.

Una vez que Gilberto entró al aeropuerto, Fabián tomó la pequeña mano de Almendra.

—Alme, parece que Gilberto te ha confiado a mi cuidado.

Almendra: …

Mientras tanto, Gilberto, ya dentro del aeropuerto, envió la foto al chat de los hermanos.

Gilberto @todos: [Mi hermanita me trajo personalmente al aeropuerto. ¿No les da envidia? Je.]

Cristian: [En una semana regreso al país. Para entonces tú seguirás en el extranjero.]

Marcelo Reyes: [¡Si no estuviera atrapado en Hollywood filmando una película, te aseguro que habría sido el primero en ver a nuestra hermana!]

Alexandro: [Intentaré volver pronto para conocer a nuestra hermana.]

Gilberto: [Cara de suficiencia. Yo soy el más cercano a mi hermana, ustedes hagan fila.]

Cristian @todos: [Alexandro y yo conocimos a nuestra hermana hace diez años. ¿De qué presumes tanto?]

En esa foto de hacía diez años, dos jóvenes de dieciocho años y una niña de ocho estaban de pie, uno al lado del otro, en un podio de premiación.

El joven de la izquierda tenía rasgos marcados, y sus labios finos y apretados revelaban un toque de terquedad y firmeza. Su ceño estaba ligeramente fruncido, y su mirada era profunda y fría, como si pudiera atravesar la lente y llegar directamente al corazón. Sostenía el trofeo con una mano, sin ningún movimiento superfluo, emanando un aura que mantenía a todos a distancia.

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