Al ver a Fabián siguiendo a Almendra como un ángel guardián, y mirándola con esa ternura y devoción desbordantes, ¡Betina sentía que la envidia la estaba volviendo loca!
¿Por qué Fabián nunca la había mirado así?
¿Qué tenía Almendra que ella no?
—Gilberto, ya que mi hermana y Fabián van a despedirte, déjame ir también —así, podría pasar más tiempo con Fabián.
Gilberto sonrió.
—No hace falta, con ellos dos es suficiente. Tú tienes que quedarte a cuidar al abuelo. No me atrevería a robarle a su nieta consentida.
Betina se sintió mal, pero mantuvo la sonrisa en su rostro.
—No te preocupes, mis papás también están aquí. Te acompaño y regreso enseguida.
—Alme y yo tenemos otras cosas que hacer después, no tendremos tiempo de traerte de vuelta. Si tienes algo que decirme, puedes hacerlo ahora —intervino Fabián con una frialdad implacable.
No quería que Betina los acompañara y les arruinara el momento.
El rostro de Betina se tensó de golpe, sintiéndose más humillada que nunca.
Gilberto le dio una palmada en el hombro.
—No te preocupes. Si quieres decirme algo, podemos hablar por teléfono, ¿de acuerdo?
Betina apretó ligeramente los puños a sus costados y forzó una sonrisa.
—Claro. Buen viaje.
***
De camino al aeropuerto, Almendra conducía personalmente. Gilberto, sin ninguna ceremonia, se sentó en el asiento del copiloto, dejando a Fabián solo en el asiento trasero.
—Alme, todavía no han encontrado al verdadero culpable. Tienes que cuidarte mucho.
Quienquiera que fuese, estaba dispuesto a sacrificar una vida para cubrir sus huellas, así que el asunto no era nada simple.
Almendra asintió.
—Lo sé, no te preocupes.
Gilberto asintió también y luego levantó la voz a propósito:
—Y otra cosa, si alguien te molesta o te hace enojar, no dudes en decírmelo. Te conseguiré un amigo que sepa cómo hacerte sonreír.
Fabián: …
Almendra no pudo evitar reír.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada