—No, mi vuelo a Francia sale a las 10 de la noche. Tengo que volver, hacer la maleta y guardar esas hierbas medicinales antes de irme.
Cintia y los demás ya habían volado a Francia esa noche para el concurso. Ella les había prometido que iría a verlos. Además, habían atraído a la gente de El Colmillo Negro a Francia, así que tenía que hacer acto de presencia.
Fabián no tenía ni idea de que Almendra había reservado un vuelo a Francia sin decirle nada.
Pero en los días que estuvo fuera, se habían acumulado muchos asuntos en la empresa. Tenía que resolverlos antes de poder ir a Francia.
—¿Tan justo de tiempo?
—Sí.
—Bueno, entonces en cuanto termine con los asuntos de la empresa, iré a buscarte a Francia.
Almendra arqueó una ceja.
—Si no tienes nada urgente que hacer en Francia, mejor sigue con tu trabajo. Cuando regrese, empezaré tu tratamiento.
Pero Fabián replicó:
—Sí tengo algo urgente que hacer.
Estar con ella era lo más urgente de todo.
***
Cuando Almendra regresó a Lomas de Santa Fe, Betina estaba desviviéndose por Simón, Frida y Yago, actuando como la hija más devota.
Ahora le daba un masaje en los hombros al abuelo, ahora les pelaba fruta personalmente a Simón y Frida. En resumen, se mostraba increíblemente considerada y atenta.
Durante los tres días que Almendra no estuvo, Betina había recuperado esa confianza que solía tener.
La atención de toda la familia estaba centrada en ella. No estaba Almendra para robarle el protagonismo, para quitarle el cariño de sus padres y su abuelo.
Todo el afecto era solo para ella.
Incluso llegó a pensar: «¡Qué bien sería si Almendra no regresara nunca!».
Sin embargo, por lo que había oído decir a sus padres, Almendra regresaba esa misma noche.
Por eso, habían ordenado a la cocina que preparara muchos de los platillos favoritos de Almendra, ¡y ni siquiera la llamaron para apurarla cuando ya eran las siete y media!
—Señorita Almendra, ¡qué bueno que regresó! El señor, la señora y el amo la estaban esperando.
Helena, aprendiendo de Liliana, había ignorado por completo a Betina.
Betina casi se ahoga de la rabia. «¡Esta Helena es cada vez más insolente! ¿Cómo se atreve a no tomarme en cuenta?», pensó. ¡Odiaba no haberla despedido en los días que Almendra estuvo fuera!
—¡Alme ha vuelto!
Antes de que Betina pudiera terminar de enfurecerse, Frida y Simón se levantaron del sofá al mismo tiempo y fueron a recibir a Almendra con una expresión de pura emoción.
Betina: …
Almendra sintió una calidez en el corazón al ver a Simón y Frida salir a su encuentro.
—Papá, mamá, ya volví.
Frida se adelantó y la abrazó suavemente, llena de alegría.
—Hija mía, te extrañamos muchísimo estos días. ¿Tienes hambre? Vamos a cenar, prepararon todos tus platillos favoritos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada