Betina, que estaba adentro, casi se desmorona al oír las palabras de Frida.
En cuanto Almendra regresaba, ¿se olvidaban de que ella también era su hija?
Reprimiendo la ira y los celos, vio cómo Simón y Frida entraban flanqueando a Almendra y, una vez más, habló con un tono que goteaba sarcasmo:
—Hermana, por fin regresaste. Papá y mamá te extrañaron mucho estos días. Aunque yo estuve aquí para acompañarlos, solo pensaban en ti. Deberías pasar más tiempo con ellos de ahora en adelante.
La atmósfera pareció congelarse por un instante.
Frida miró a Betina con un atisbo de culpa.
—Betina, nos hizo muy felices tenerte con nosotros, es solo que nos preocupaba que a tu hermana le pasara algo, estando sola por ahí.
Betina asintió, comprensiva.
—Lo sé, mamá. No te preocupes, no lo decía con otra intención. Solo quería que mi hermana supiera cuánto se preocupan por ella.
Lo que en realidad quería decir era: «Almendra es una desconsiderada, siempre haciendo que sus padres se preocupen».
—¿Acaso papá y mamá no se preocupan por ti cuando sales? —Almendra miró a Betina con frialdad.
Helena intervino rápidamente:
—Así es, señorita Betina. Cuando usted sale de viaje, el señor y la señora siempre están muy pendientes. Cada vez que se ausenta por mucho tiempo, hasta le preparan sorpresas en casa para su regreso. Escuché que la señorita Almendra salió esta vez a buscar hierbas medicinales. No solo el señor y la señora, sino también nosotros, los sirvientes, estábamos muy preocupados por ella.
Las palabras de Helena disiparon al instante la poca culpa que Simón y Frida sentían hacia Betina.
Era cierto. Le habían dado a Betina tanto, tanto amor en el pasado. Ahora solo se preocupaban un poco por su hija biológica y habían pedido a la cocina que preparara sus platillos favoritos. Comparado con todo lo que le habían dado a Betina antes, esto no era realmente nada.
Betina fulminó a Helena con la mirada, tan furiosa que casi se le escapa un insulto.
«¡Maldita gata igualada!», pensó. «¿Ahora se atreve a pasarse de lista conmigo? ¡Está buscando la muerte!».

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