—Betina, ¿qué le dijiste? Se veía muy contento.
—Betina, ¿le transferiste dinero? Vi que sacó su código QR.
—Sí, Betina, ¿por qué le diste dinero?
Betina suspiró suavemente. —Es un pobre hombre. Perdió a su hija y cree que me parezco a ella, por eso nos seguía.
—¿Ah? ¿Era eso? —Viviana abrió mucho los ojos.
Betina asintió. —Sí. Está solo y desamparado, su vida es muy difícil. Me dio mucha lástima, así que le di algo de dinero para que la pase un poco mejor.
Las tres suspiraron conmovidas y le preguntaron cuánto le había dado.
Betina sonrió. —No mucho, cien mil pesos.
Al instante, las tres comenzaron a elogiarla de nuevo.
—Betina, eres demasiado buena.
—Sí, Betina, qué suerte tuvo de encontrarte.
Betina dijo: —Desde pequeña, mis papás me enseñaron a ayudar a los desamparados.
—Con razón eres tan bondadosa. El señor y la señora Reyes son grandes filántropos, donan millones cada año.
—La verdad es que te envidiamos.
Betina levantó la barbilla con orgullo y sonrió con dulzura. —Bueno, vamos a comprar.
Baltasar le informó a Almendra de todo lo ocurrido con Betina.
Almendra sonrió levemente. —Entendido. Que sigan vigilando a Ulises.
—Sí, jefa.
Al colgar, Almendra recibió un mensaje de Sombra: [Hay que vernos.]
Últimamente Sombra la citaba todas las noches, pero ella lo ignoraba. Hoy hizo lo mismo.
Sombra, al no recibir respuesta, envió otro mensaje: [¡Ya tienes un nuevo amor y te olvidaste del viejo!]
Almendra se quedó sin palabras y no le hizo caso.
Un momento después, Sombra escribió de nuevo: [¿No quieres saber por qué estoy aquí?]


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