Las chicas se emocionaron aún más y comenzaron a halagar a Betina con más ímpetu.
—¿En serio? ¡Dios mío! Es el soltero de oro.
—Oye, Betina, ¿no nos podrías pasar su WhatsApp?
—Sí, Betina, fíjate que últimamente me duele el pecho y quisiera consultarle algunas cosas a Gilberto.
—Betina, ¿en qué hospital está consultando Gilberto? Yo también quiero ir a checarme.
Betina caminó hacia su dormitorio rodeada como una celebridad.
Detrás de ella, Eva frunció el ceño con disgusto, sacó su celular, grabó un pequeño video y se lo mandó a Almendra.
[Bebé, la mosquita muerta ya está presumiendo otra vez en la escuela. ¿Cuándo la vas a poner en su lugar?]
Eva sentía verdaderas ganas de vomitar.
No entendía qué pasaba por la cabeza de Betina, siendo una hija falsa. Todo el día presumiendo y presumiendo; dime de qué presumes y te diré de qué careces.
En cambio, su amiga, que era una verdadera reina, se mantenía bajo perfil como si fuera una novata cualquiera.
Almendra, que esperaba a Gilberto en el coche, recibió el mensaje.
Vio el video, sonrió con indiferencia y respondió con dos palabras: [Ya casi.]
Eva mandó un emoji de emoción: [Te espero, ya me cansé de verla dárselas de gran cosa.]
Llegaron a la Universidad Médica La Concordia justo a las cuatro y media.
Gilberto dejó a Almendra frente a su dormitorio y corrió a la oficina de Lautaro.
Algunos estudiantes notaron que el coche que traía a Almendra era diferente, y el conductor también. Comenzaron a murmurar.
—Ser bonita tiene sus ventajas, cada vez la trae alguien diferente.
—Pues sí, es guapa y sacó calificación perfecta en el examen nacional. ¿Ese será su novio actual?
—Quién sabe cuántos novios tenga.
Susana, que venía entrando del exterior, vio justo cuando Almendra bajaba del coche de Gilberto. Cuando el auto pasó a su lado, vio que el conductor era un hombre joven y apuesto.
Apretó los dientes con fuerza.
¿Por qué Almendra siempre conseguía hombres ricos y guapos?
¡Mientras que a ella solo le tocaban pervertidos!
Al recordar la tortura de los últimos días, su cuerpo tembló.
—Tiene más hombres de los que creen, solo que no se enteran —soltó Susana al pasar junto a las chicas que chismeaban.


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