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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 729

Cuando Santiago recibió el informe de lo que Fabián había hecho en el campamento, estalló de furia y lanzó su taza de té contra la pared.

—¡Esto es una provocación!

Su ayudante, Lázaro, permanecía respetuosamente a un lado y dijo con voz grave: —Señor, el señor Fabián lleva tiempo retirado. Lo que hace no es más que envidia porque usted está a punto de ascender. Solo puede jugar al jefe en un campamento de entrenamiento insignificante. Usted es el verdadero pilar de la nación.

Lo que Santiago más odiaba en la vida era que Fabián lo superara. Por eso se había matado haciendo misiones y ganando méritos, para poder pisotear a Fabián algún día.

Ahora, por fin lo había logrado.

—Dile a Emeterio que mantenga la boca cerrada. Y a la familia Vargas, que se comporten. Si no tienen la capacidad, que no culpen a otros. ¡Que no me causen problemas estos días!

Lázaro asintió: —¡Sí, señor!

Luego, preguntó con cautela: —El señor Fabián está en nuestro territorio y en campo abierto. Si...

Aquel intento de asesinato en el extranjero falló, y Santiago lo lamentaba cada vez que lo recordaba.

Luego, los asesinos de "El Pacto de Sangre" llegaron al país para emboscarlo, pero alguien ayudó a Fabián en secreto y volvió a escapar.

Había que admitirlo: Fabián tenía siete vidas.

Santiago negó levemente con la cabeza: —Si está en nuestro territorio, debemos garantizar su seguridad. Además, hay demasiados estudiantes. Si pasa algo grande, nos perjudicará.

Nadie deseaba más que Santiago que Fabián desapareciera de la faz de la tierra.

Lázaro asintió: —El señor piensa en todo.

Santiago murmuró: —Investiga a esa tal Almendra.

—¡Sí!

La noticia de que el grupo de Isidora estaba siendo investigado junto con Emeterio por hacer trampa dejó a todos boquiabiertos.

Pensaban que Isidora tenía un talento excepcional, pero resultó ser igual que Elvira: puro fraude.

Esteban Ortega miraba el video de Almendra en su celular una y otra vez. Al leer los comentarios, no paraba de sonreír.

—¡Esa es mi nieta política! Digna de la familia Ortega. Ay, ay, ay, es demasiado increíble.

Dicho esto, Esteban se puso a comentar como un fanático más: [¡Almendra es la ley! ¡Bravo, bravo!]

Mauricio Ortega, que estaba junto al abuelo, chasqueó la lengua al ver eso: —Abuelo, ¿de verdad te vas a poner a comentar así? ¿Es apropiado?

Esteban resopló con orgullo: —Es el lenguaje de los chavos de ahora, ¿qué tiene de malo? ¡Nadie sabe que soy yo!

Y siguió escribiendo: [¡Almendra patrona! ¡La mejor!]

[¡Diosa Almendra! ¡Arriba!]

Mauricio se quedó sin palabras. ¿Ese era su abuelo?

Esteban añadió entre refunfuños: —Dile a tu hermano mayor que Alme regresa esta noche. Que la traiga mañana a comer a la casa. ¡Si no la trae, le rompo las piernas!

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