—Mamá, me equivoqué, de verdad sé que estuve mal. Tú y papá siempre decían que, aunque cometiera el error más grande del mundo, si lo corregía, no me culparían. Decían que me protegerían y me amarían toda la vida, que yo siempre sería su princesa...
Frida y Simón guardaron silencio, sus pensamientos viajaron al pasado con las palabras de Betina.
Sí.
Ciertamente habían dicho esas cosas, ¿pero eso significaba que tenía permiso para lastimar a Alme?
—Señor, señora, ¿lo olvidaron? Cuando la Señorita Betina era niña y tenía conflictos con otros niños, ustedes siempre se ponían de su lado y decían que, tuviera o no la razón, ella siempre sería su tesoro —Liliana también apeló a la nostalgia.
Al escuchar esto, Frida miró a Liliana con frialdad:
—Que alguien le ayude a hacer sus maletas, liquiden su sueldo y que se vaya de aquí inmediatamente. ¡No quiero volver a verla!
Ahora que lo pensaba, cuando Alme recién regresó, Liliana nunca la saludaba al verla entrar, siempre tenía que recordárselo.
¡Seguro que desde el primer día que Alme volvió, ella ya estaba planeando cosas malas e influenciando a Betina a cada momento!
Liliana sabía que esta vez sería expulsada de la familia Reyes sin remedio.
Pero tal como estaban las cosas, mientras Betina pudiera quedarse, estaba bien.
—Señor, señora, perdónenme, les fallé. Me voy ahora mismo. ¡Gracias por cuidarme todos estos años!
—No, no, Liliana, no te vayas...
Betina estaba indefensa y aterrorizada; no podía estar sin Liliana.
Si Liliana se iba, ¿quién en esta casa la trataría con sinceridad?
—Niña Betina, perdóname, no te cuidé bien. En el futuro, tienes que cuidarte tú sola.
Liliana miró a Betina, que lloraba desconsolada, y las lágrimas también rodaron por sus mejillas.
Era su querida hija.
Ya no podría estar a su lado para cuidarla; solo de pensarlo le dolía el corazón.
Liliana era su último refugio en esa casa.
—Mamá, papá, Cristian, Marcelo, de verdad sé que me equivoqué, nunca más lo haré. ¿No pueden dejar que Liliana se quede? Ella me ha cuidado por 18 años, yo... no soporto que se vaya...
Frida y Simón se sintieron muy mal al ver esto.
Con razón Liliana se atrevía a hacer lo que quería en la casa; Betina era quien le daba esa seguridad.
Cristian habló con voz grave:
—Betina, hace mucho te dije que ella no era buena persona, ¡tenerla a tu lado solo te perjudica!
»Si me hubieras hecho caso antes y dejado que se fuera, lo de hoy no habría pasado.
—¡Cristian, no es como tú piensas!
—Si de verdad no soportas que se vaya, puedes irte con ella —dijo Cristian con un tono tranquilo pero gélido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada