Betina se había levantado antes del amanecer para aprender a preparar el desayuno, todo con la esperanza de que Frida y Simón la perdonaran y la llevaran con ellos a la casa de la familia Tapia.
Pero por lo visto, hoy no tenía ninguna esperanza de ir.
Todo era culpa de esa maldita Almendra. Ella había preparado el desayuno con sus propias manos, ¿y Almendra quería ir a comer fuera?
¡Y Cristian y Marcelo se pusieron de su lado! ¡Era demasiado!
Almendra salió a desayunar con Cristian y Marcelo. Apenas salieron de la casa, Marcelo soltó un largo suspiro y miró a Cristian:
—Cristian, siento que Betina ha cambiado demasiado, ¿o será que nunca la conocimos bien?
Al recordar lo que hicieron Betina y Liliana, el ceño de Cristian se frunció:
—Liliana la influenció mucho. Vamos a observarla un tiempo más; si sigue sin cambiar, no nos culpen por ser implacables.
Luego miró a Almendra:
—Alme, siento que tengas que pasar por esto.
Almendra puso cara de indiferencia:
—Mientras no se meta conmigo, puedo hacer como que no existe.
Si Betina se hubiera quedado tranquila siendo la princesita de la familia Reyes desde el principio, a Almendra le habría dado flojera hacerle caso.
El problema era que Betina tenía la mente muy cerrada y delirios de grandeza, ¡y a fuerza quería provocarla!
Apenas Betina terminó de despedir a Frida y Simón en el coche, recibió un mensaje de Laura en su celular.
[¡Betina! ¿Es cierto que la hija adoptiva de los Reyes es esa tal Almendra de la Universidad Médica La Concordia?].
Laura también envió una foto de Almendra desayunando con Cristian y Marcelo.
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