Pero en los últimos años, como la salud de los ancianos no andaba muy bien, Dante y Marisol pasaban la mayor parte del tiempo allí, mientras Luis andaba por su lado.
Marisol escuchó el alboroto afuera y fue la primera en salir corriendo, seguida por Luis.
—Frida, Simón, llegaron.
Detrás de ellos venían varios guardaespaldas, además de Cristian y Marcelo, todos cargando regalos hasta el tope, mucho más exagerado que lo que Dante y Marisol llevaron ayer a casa de los Reyes.
Y eso que a Simón le parecía poco; siendo la primera vez que venían a reconocer a la familia, tampoco querían exagerar para no causar el efecto contrario.
Al fin y al cabo, a la familia Tapia no le faltaban estas cosas.
—Cuñada.
—Papá y mamá llevan un buen rato esperándolos.
Dicho esto, jaló a Almendra:
—Alme, tus abuelos mueren por verte.
Marcelo puso cara de celos:
—Tía, ¿y a nosotros no nos quieren ver los abuelos?
Marisol soltó una carcajada:
—Claro que sí, pero Alme va primero que ustedes.
Cristian y Marcelo se miraron... Bueno, era justo, su hermana debía ir primero.
Entre risas, Marisol miró detrás de ellos y se sorprendió al no ver a Betina.
Preguntó con extrañeza: —¿Y Betina? ¿Por qué no vino?
Frida sonrió con incomodidad:
—Ella... le daba un poco de pena, así que hoy no la trajimos. La próxima vez vendrá a saludar.
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