Martina casi explota del coraje. La sangre le subió a la cabeza y fulminó a Almendra con la mirada: —Almendra, ¿así le hablas a una maestra?
—Para que otros la respeten, primero debe aprender a respetar a los demás. Aunque sea maestra, con más razón debe respetar a sus alumnos. De lo contrario, no merece ese título.
Almendra dejó de mirar los ojos furiosos de Martina y se dirigió a los dos policías.
—Susana me acosó, me tomó fotos a escondidas, inventó chismes y compró varios números de celular para subir videos y fotos al foro con la intención de dañar mi reputación. Tengo pruebas suficientes. Si no publica una disculpa en el foro de la universidad, publicaré todo esto y procederé legalmente —dijo Almendra con una voz tan fría que Susana no pudo evitar temblar.
¡Almendra solo quería arruinar su reputación!
¡Qué despreciable!
—Ah, por cierto. También puedo pedir que se elimine el anonimato del foro. Así todos podrán ver las tácticas sucias y rastreras de Susana. Veremos quién se atreve a ser su amiga después de eso.
—¡Tú! —Martina rechinaba los dientes de la rabia.
Demasiado arrogante.
¡Almendra era demasiado arrogante!
¿Se creía mucho solo por haber sacado la puntuación perfecta a nivel nacional?
¿Creía que era intocable porque la universidad la respaldaba?
—¡Almendra! Hay que saber perdonar. ¿No te basta con que Susana se disculpe frente a nosotros? Hoy al mediodía hasta te rogó casi llorando. ¿No estarás contenta hasta que arruines su reputación por completo?
—Ja, ¿se atreve a hacerlo pero no a asumirlo? Cuando me tiraba hate estaba muy animada. Ahora solo le pido una disculpa en el foro de la escuela, no en todo internet. No hace falta que sea su abogada defensora. Susana, tú decides. Solo te doy cinco minutos.
Almendra no le dio ni una pizca de respeto a Martina, haciéndola sentir como un cero a la izquierda frente a su alumna.


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