Tampoco entendía por qué la escuela siempre protegía a Almendra.
¿Qué tenía de bueno?
Solo había sacado un examen perfecto al ingresar, pero eso no significaba nada. En medicina, seguía sin poder compararse con Elvira.
Almendra escuchó a Martina y la miró con una media sonrisa, sin decir nada.
Martina pensó que Almendra se sentía culpable por su silencio y añadió: —Llevas el título de la mejor estudiante del país, así que todos te van a estar observando. Este mes tienes que estudiar el doble. ¡No se te ocurra avergonzar a nuestra universidad!
Almendra sonrió con un gesto rebelde: —Gracias por su preocupación, maestra. Siempre tengo confianza en mí misma.
Al verla tan desafiante, Martina sintió que Almendra era demasiado arrogante.
Una mocosa inexperta que no sabía medir su lugar en el mundo.
El mundo médico estaba lleno de genios y eminencias. ¿De dónde sacaba tanta confianza una novata como ella?
¡Qué ridícula!
—Almendra, la confianza es buena, pero el exceso de confianza no es un buen presagio.
—¿Acaso no quiere que traiga honor a la clase y a la escuela?
—¡Tú!
¡Martina estaba a punto de explotar!
¡Cómo demonios una alumna tan difícil de controlar había sacado la calificación perfecta!
—Maestra, ya que Almendra tiene tanta fe en ganar el primer lugar, esperemos a ver qué pasa.


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