Braulio negó levemente con la cabeza: —No es nada, solo... por lo que ella te hizo, perdón.
Ese "ella" se refería, por supuesto, a Susana.
Braulio también había visto lo del foro de la escuela.
Susana no cambiaba y él estaba muy indignado.
Almendra soltó una risa: —Lo que pase entre ella y yo no tiene nada que ver contigo. Tú enfócate en tus estudios.
Braulio se sintió realmente conmovido.
—Lo haré.
Finalmente, tras despachar a todos los "mal tercios", Fabián miró con cierto desdén a Martín en el asiento del conductor y bajó la voz para decirle a Almendra: —¿Vienes a mi casa esta noche?
Almendra arqueó una ceja y lo miró con picardía.
Fabián se sintió incómodo ante su mirada y tosió ligeramente: —No pienses mal, no tengo otras intenciones. Tú dijiste que me harías acupuntura una vez a la semana.
Almendra hizo una pausa de dos segundos y asintió: —Está bien.
El tratamiento de los ojos de Fabián estaba en la etapa final; no podía descuidarse.
Almendra aceptó y les envió un mensaje a Frida y Simón, diciéndoles que no volvería esa noche porque iría con Fabián.
Frida se quedó sorprendida al recibir el mensaje.
Al mismo tiempo, Simón también recibió el aviso y miró a Frida.
Sentía que alguien estaba a punto de robarse a su pequeña flor.
Frida sonrió con complicidad: —Tranquilo, Alme es prudente.
Betina, que acababa de regresar, preguntó con curiosidad: —Papá, mamá, ¿qué le pasó a mi hermana?
Simón iba a hablar, pero Frida se adelantó: —Tu hermana dijo que tiene cosas que hacer esta noche, que no la esperemos.

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