—Ella...
Natalia y Aurora querían decir algo más, pero Martina las interrumpió dirigiéndose a toda la clase:
—Vayan repasando los temas nuevos. ¡Voy a ir personalmente a ver qué enfermedad tiene Almendra!
Natalia y Aurora entraron en pánico.
—Maestra, usted no sabe cuál es nuestro dormitorio, la llevo yo.
—No hace falta.
Martina soltó esas palabras fríamente, dio media vuelta y salió del salón.
Natalia se apresuró a enviar un mensaje de WhatsApp a Almendra, avisándole que Martina iba hacia allá.
Pero luego pensó que Almendra estaría profundamente dormida y no vería el mensaje, así que decidió llamarla.
Sin embargo, tras tres intentos, Almendra no contestó.
Natalia y Aurora no tenían más recursos. Solo les quedaba rezar en silencio por Almendra, esperando que Martina no se la comiera viva.
En la primera fila, Susana mantenía una expresión impasible, pero cuando Martina salió del aula, una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
Almendra dormía plácidamente cuando escuchó un golpe seco, como si alguien hubiera pateado la puerta.
Frunció el ceño, irritada. Antes de que pudiera abrir los ojos para ver quién buscaba problemas, oyó la voz furiosa de Martina:
—¡Almendra! ¡Levántate!
Almendra se molestó aún más, se cubrió completamente con la cobija y no le hizo el menor caso.
Al ver esto, Martina enfureció.
¿La estaba tratando como si fuera invisible?
¡Qué insolencia!
—¡Almendra! ¡Si no te has muerto, levántate ahora mismo y ve a clase!
Almendra la ignoró.
Martina hablaba cada vez más enojada, y el dedo con el que señalaba a Almendra temblaba.
¡Jamás había visto a una alumna tan difícil de controlar como Almendra!
Almendra tenía una expresión cargada de hostilidad.
—Tú encárgate de dar tu clase, cómo aprendo yo es asunto mío. No necesito que te metas.
Estaba harta, solo quería dormir, ¿por qué era tan difícil?
Martina soltó una risa de incredulidad, con los ojos desorbitados.
—¿Ja? ¿Que no me meta? Almendra, ¿de verdad crees que quiero ocuparme de ti?
—Pues perfecto. Tú no quieres ocuparte de mí y yo no quiero que lo hagas. No nos estorbemos.
Martina intentó calmar su agitación, respiró hondo varias veces y dijo con frialdad:
—Bien, puedo dejarte en paz. Pero en la competencia académica mensual tienes que quedar entre los tres primeros. Si no, te cambias de grupo o te vas de la escuela, ¡pero no te quedas en mi clase!

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