Almendra no le dio importancia a los comentarios ajenos y se acercó a Aurora. —¿Qué pasa?
Aurora estaba pálida y se le notaba el malestar en la cara.
Al ver a Almendra, se le llenaron los ojos de lágrimas por la impotencia. —Almendra, soy una inútil.
Almendra frunció el ceño. —¿Qué sucedió?
Viéndola a punto de llorar, Natalia explicó: —Hoy en la tarde, el profesor de anatomía nos enseñó disección. Aurora se asustó mucho al ver el cadáver, y luego, durante la práctica, vomitó delante de todos. Le dijeron cosas muy feas.
Aurora sollozó suavemente con los ojos enrojecidos. —Soy una inútil... Yo, yo... no sé qué me pasó, pero no pude aguantarme.
Almendra le dio unas palmaditas suaves en el hombro y la consoló con voz tierna: —Es normal tener miedo la primera vez que te enfrentas a un cadáver.
Aurora bajó la mirada, avergonzada. —Pero Susana no solo no tuvo miedo, sino que completó la disección y la sutura perfectamente. Todos la están elogiando.
Almendra preguntó: —¿Cuántos estudiantes tocaron el cuerpo hoy?
Aurora lo pensó un momento. —Unos cuantos chicos. De las chicas, solo Natalia y Susana terminaron la tarea.
Almendra miró a Natalia, quien se apresuró a decir: —Yo... yo también lo hice a la fuerza, la sutura no me quedó muy bien.
En ese momento solo quería defender el honor de Aurora, por eso se obligó a hacerlo, pero ahora que lo pensaba, todavía le temblaban las manos. La herida había quedado horrible, parecía un ciempiés.
Susana había sido, de entre todos, la que hizo la sutura más perfecta.
—Sigue esforzándote.
Tras animar a Natalia, Almendra volvió a mirar a Aurora, que seguía abatida. —No es que seas inútil, es que todos tienen miedo, solo que no lo demuestran. No hay nada de qué avergonzarse. Cree en ti misma y sé un poco más valiente la próxima vez, ¿sí?
Aurora se secó las lágrimas y miró a Almendra. —Pero yo, yo...
Natalia comentó de repente: —Almendra, falta medio mes para el concurso académico mensual, ¿estás lista? Andan murmurando a tus espaldas, esperando ver cómo haces el ridículo.
Almendra arqueó una ceja. —Estoy bien, tranquila.
Dicho esto, miró de nuevo a Aurora. —No le des tantas vueltas, duerme bien hoy. Mañana por la noche iremos al concierto.
El primer concierto de Marcelo estaba programado para las siete de la noche en el Estadio La Concordia.
Aurora asintió al escuchar esto. —Lo sé, Almendra.
Fabián regresó de su viaje de negocios y fue a buscar a Almendra con impaciencia.
Justo cuando Almendra subía al coche y se marchaba, Susana, quien seguía cubriéndose mucho, se subió a un auto negro de lujo fuera del campus.
En cuanto entró, un brazo cubierto de tatuajes la jaló hacia un abrazo y una mano grande se deslizó bajo su ropa. Una voz ronca preguntó: —¿Por qué tardaste tanto?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada