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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 859

Ella quería casarse con Fabián y con nadie más.

Si Almendra no existiera, ¡qué bueno sería!

¡Ella sería su prometida legítima y sin objeciones!

Eva vio a Katia y se sentó a su lado con una sonrisa. —¿Llegaste hace mucho?

—Un rato. ¿Dónde estaban? No te veía.

Eva hizo un gesto vago. —Fuimos al backstage a ver... al ídolo.

Quería decir que fueron a ver el vestuario de Almendra, pero había que mantener el misterio hasta que saliera.

Si no, la sorpresa no sería tan impactante.

Braulio se sentó junto a Eva, y Fabián junto a Braulio; más allá estaba el pasillo.

La gente de atrás lo notó y se extrañó.

—Ya están comprometidos, ¿por qué se sientan separados en el concierto?

—Sí, ¿no están un poco lejos? ¿O es que no quieren generar chismes?

—La hija del magnate está sentada entre sus papás, así que al señor Fabián le tocó la orilla, obvio.

—La hija de los Reyes es muy afortunada, está rodeada de gente que la ama.

Betina escuchó algo de esto y agradeció al cielo no haber traído a Mateo. Con tanta gente mirando, ¡no habría sabido dónde meterse!

De repente, la música de apertura atravesó a la multitud como una corriente eléctrica e, instantáneamente, los vítores estallaron como una marea.

Debajo, vestía un traje ajustado con remaches plateados y diamantes de imitación que brillaban misteriosa y seductoramente bajo la luz azul, como si hubieran molido las estrellas más brillantes para esparcirlas sobre él.

Llevaba el cabello ligeramente despeinado, con algunos mechones cayendo rebeldes sobre la frente, lo que le daba un aire aún más cautivador.

Sus ojos profundos eran como pozos sin fondo; una sola mirada bastaba para atraparte. Bajo su nariz recta, sus labios se curvaron en una sonrisa enigmática y sexy.

Levantó ligeramente la mano y, con un dedo enguantado en encaje negro, hizo un gesto como si lanzara un hechizo a los miles de espectadores.

El público quedó petrificado un instante y luego estalló en gritos y alaridos ensordecedores, como un tsunami que llevó la atmósfera al punto de ebullición.

—¡Ahhh! ¡Chelo! ¡Chelo, te amo!

—¡Marcelo por siempre! ¡Te amamos!

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