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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 866

Eva se acercó con una expresión divertida: —¿Qué pasó? ¿Al señor Israel lo castigaron por andar molestando a mujeres decentes otra vez?

Israel, al escuchar la voz de Eva, sintió que quería que se lo tragara la tierra.

¡Qué oso!

¡De verdad, qué pinche oso!

—Tú... ¿ya va a acabar el concierto? —preguntó Israel con cara de sufrimiento.

Eva asintió: —Faltan 10 minutos. Ah, no, para ser exactos 8 minutos, lo que duran dos canciones.

Al escuchar esto, a Israel ya no le importó discutir y aceleró el ritmo.

—¡84, 85, 86!

Eva se rió con más ganas, como si hubiera pensado en algo, y preguntó: —¿No me digas que intentaste ligarte a Noa? ¿Y luego el Señor Fabián te cachó en la movida y te puso a hacer lagartijas?

Israel miró a Eva con horror: —¿Cómo sabes?

Eva se tapó la boca y se rió aún más descaradamente: —¿Eres tonto o qué? ¿No tuviste suficiente con la lección pasada?

Israel sentía que su cerebro no le daba para más.

—La vez pasada fue con la maestra Alma, esta vez es...

Antes de que pudiera decir el nombre de Noa, Israel pareció darse cuenta de algo y abrió los ojos como platos.

—La maestra Alma y Noa son...

—Shh...

Eva le puso un dedo frente a los labios: —Con que lo sepas basta. Apúrate a terminar, o si te ve más gente, ¿dónde va a quedar el prestigio del Señor Israel?

Israel pensó que Eva tenía razón; mejor terminar las 100 lagartijas primero.

Eva llevó a Braulio al camerino. Almendra ya se había desmaquillado y se había puesto su propia ropa.

—Bebé, de verdad te veías hermosísima.

Eva se acercó y le dio un abrazo enorme a Almendra.

Almendra le devolvió el abrazo: —Gracias.

—Hermana, ¿me puedes dar un autógrafo? Es para regalarle a unos compañeros de la escuela.

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