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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 943

Tenía la certeza absoluta de que Almendra no podría romper su virus.

Rápidamente, invadió el sistema de la otra computadora e implantó el virus.

La pantalla frente a Almendra se fue a negros, luego azul, y una cascada de código verde comenzó a saltar locamente, como si fuera a seguir así hasta el fin de los tiempos.

Almendra curvó los labios. Juego de niños.

Osiel la miraba con total confianza.

Apostaría lo que fuera a que si Almendra lograba romperlo, ¡él correría encuerado!

Pero su satisfacción no duró ni tres segundos. Vio las manos de Almendra volar sobre el teclado, tacatacataca, y en menos de un minuto...

Su propia computadora empezó a emitir pitidos de alarma.

Resulta que Almendra no solo eliminó su virus, sino que contraatacó y hackeó su computadora de nuevo.

Él se puso tenso y empezó a intentar romperlo, pero pasaron tres minutos, cinco minutos...

Los estudiantes abajo se impacientaban.

—¿Osiel va a poder o no? Parece que está difícil.

—Sí, Almendra se ve súper relajada. ¡No imaginé que fuera tan pro!

—¡Es cierto! ¡Jamás pensé que una chica jugara así de rudo, qué bárbara!

Osiel estaba lívido, el teclado casi echaba humo, pero no podía romper el código de Almendra.

—No gastes energía. Con tu nivel, no vas a poder —le advirtió Almendra.

Osiel levantó la vista, horrorizado, mirando a Almendra:

—Tú... ¿quién eres?

Osiel se consideraba la cima de la computación en La Concordia; acababa de entrar al equipo nacional y se sentía intocable.

Pero hoy, Almendra había destrozado su orgullo en menos de media hora.

¡Alguien así no podía ser una desconocida!

Almendra se levantó:

—Sin comentarios.

Osiel se derrumbó en la silla, sin fuerzas.

Se sentía como un payaso, ¡había perdido toda dignidad!

Eva chasqueó la lengua:

—Si eres tan bueno, investígalo tú. Ahora lo importante... ¿no es la carrera en cueros?

»Pero nuestra Alme dice que, como nos invitaste a comer, por piedad te deja conservar los calzones.

Almendra: ¿?

Osiel: ...

Más tarde, todos vieron a un junior guapo y atlético corriendo en ropa interior por la cancha de La Concordia...

Almendra no tenía ganas de ver a Osiel en paños menores.

La Universidad La Concordia era un nido de problemas, mejor irse.

Justo cuando iba a salir, alguien más la detuvo:

—¡Almendra, espera!

Almendra miró con fastidio y vio a dos chicas acercándose.

—Almendra, felicidades. Te has robado el show en nuestra Universidad.

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