La escena, caótica y violenta, se detuvo por un instante ante las palabras de Gavilán Gris.
Pero al segundo siguiente, Almendra no solo no retrocedió, sino que dio un salto desde su posición y, con la agilidad de una pantera, aterrizó justo al lado de Gavilán Gris.
Él jamás imaginó que una jovencita como Almendra tuviera tal destreza; los ojos casi se le salían de las órbitas por la sorpresa.
—Tú… ¡Ah!
Antes de que Gavilán Gris pudiera articular palabra, Almendra levantó la pierna y le propinó una patada brutal en la entrepierna.
Al instante, a Gavilán Gris se le cortó la respiración y se desplomó, perdiendo el conocimiento del dolor.
—¡Jefe!
El hombre de negro que arrastraba a Braulio gritó alarmado, preocupado por su líder.
Almendra aprovechó su distracción para arrebatarle a Braulio con un movimiento limpio y rápido.
Sosteniendo a Braulio, que estaba cubierto de sangre e inconsciente, los movimientos de Almendra ya no eran tan ágiles como antes. Lo arrastró hacia la plataforma del helicóptero, pero apenas dio unos pasos, frunció el ceño.
Sin darle tiempo a verificar su sospecha, el Braulio que arrastraba se movió de repente. Almendra intentó lanzarlo lejos, pero fue demasiado tarde…
El supuesto Braulio «inconsciente» alzó una daga oculta en su manga y, con una mirada gélida, se la clavó sin dudar en el pecho, cerca del corazón.
—¡Alme!
—¡Jefa!
En la distancia, Fabián, Iguana y los demás, que peleaban con ferocidad, se quedaron helados.
El rostro de Almendra se contrajo por el dolor, pero en el instante en que el filo entró en su carne, aguantó la agonía y usó todas sus fuerzas para arrojar al impostor lejos de ella.
¡Ese no era Braulio!
Debido al esfuerzo, la herida se abrió más y no pudo evitar escupir una bocanada de sangre.
Si se miraba de cerca, la sangre era de un tono rojo oscuro, casi negro.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada