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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 992

Todo había sido planeado meticulosamente.

El objetivo era que Fabián y su gente no salieran vivos de ahí.

Sabiendo que Fabián era un hueso duro de roer, contrataron a un experto en disfraces para caracterizar a uno de los suyos como Braulio. La idea era asestarle un golpe fatal a Fabián cuando bajara la guardia.

La hoja llevaba una toxina experimental; por el momento no existía antídoto.

Qué lástima que el cuchillo no hubiera terminado en Fabián, de lo contrario, ¡él sería el cadáver!

Pero bueno, que haya terminado en su mujer tampoco era un desperdicio.

—¿Fabián? Ver morir a la mujer que amas en tus brazos, ¿duele, verdad? ¡Sufre! ¡Jajaja! —Gavilán Gris reía como un desquiciado.

Fabián nunca se había sentido tan impotente. Ni siquiera cuando él mismo había estado al borde de la muerte sintió un miedo y una culpa tan devastadores.

Ver a Almendra escupir sangre le destrozaba el alma. Deseaba con todas sus fuerzas ser él quien estuviera herido.

—¡Iguana, corre! ¡Trae la mochila de Alme!

Fabián sabía que en la mochila negra de Almendra había medicinas milagrosas. Almendra era el famoso Doctor Santos; ¡sus remedios seguramente podrían contrarrestar el veneno!

Ante el grito de Fabián, Iguana corrió disparado hacia el helicóptero.

«La Jefa es el Doctor Santos, ¡ella no va a morir!», se repetía mentalmente.

Gavilán Gris, escondido detrás de sus sicarios, se burló:

—Fabián, si te arrodillas y me suplicas, podría considerar salvarla.

Era pura palabrería; el veneno era experimental y no tenían antídoto.

¡Pero Fabián no iba a caer en sus juegos!

Sus ojos rojos destilaban muerte.

—Ustedes… todos ustedes van a morir —su voz era tan gélida que calaba los huesos.

—Alme, dime, ¿cuál de estos te sirve?

¡Cómo lamentaba Fabián no haber estudiado medicina!

Almendra estaba perdiendo la consciencia. El veneno era agresivo, atacaba directamente los órganos vitales. Si no fuera porque su cuerpo había desarrollado una resistencia increíble tras años de probar medicinas y venenos, ya estaría saludando a la Muerte.

Miró los frascos en las manos de Fabián y señaló uno de color cian.

Fabián entendió, abrió el frasco de inmediato y le puso la pastilla en la boca.

Gavilán Gris resopló con desdén:

—Es inútil. Ni Dios puede salvarla ahora.

Fabián levantó la vista y clavó sus ojos en él:

—Te lo voy a preguntar por última vez: ¡¿Dónde está él?!

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