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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 10

CAPÍTULO 10 - CRIATURAS DEL INFIERNO.

LONDRES.

En la opulenta mansión de Londres, Emma y Olivia estaban escondidas detrás del lujoso sofá de la sala de música. Desde su escondite, observaban con ojos brillantes de travesura la mesa donde habían colocado su "obra maestra": un pastel decorado con crema batida, fresas falsas y una generosa capa de chispas de colores. Por fuera, el pastel parecía digno de una pastelería de alta gama, pero por dentro... bueno, era un desastre esperando a ocurrir.

Emma, la mayor y la más valiente de las dos, susurró:

—¿Por qué tarda tanto?

Olivia, abrazando con fuerza su osito de peluche desgastado, respondió en voz bajita:

—¿Y si se enoja mucho?

Emma puso los ojos en blanco y le dio un leve empujón en el hombro.

—¡Pues claro que se va a enojar! Pero necesita una lección, Olivia. Si logramos que se vaya, podrás jugar con James. ¿No quieres verlo?

Olivia asintió lentamente. James, su hermano mayor, había regresado del hospital después de una fiebre alta y no había bajado de su habitación en días. Las niñas extrañaban sus juegos y su risa.

—Por eso lo hacemos —continuó Emma con determinación—. Si la señora Fox se va, podremos cuidar a James nosotras mismas. ¡No necesita a alguien tan gruñona y aburrida!

Olivia asomó un poco la cabeza por encima del sofá, pero se agachó rápidamente al escuchar el tintineo de las llaves de la señora Fox.

—¡Ya viene! —susurró con los ojos muy abiertos. Ambas se taparon la boca para contener las risas.

Los pasos firmes de la señora Fox resonaron por el pasillo. Cada golpe de tacón sobre el suelo de madera era como una advertencia, acompañado por el característico tintineo de las llaves colgando de su cintura. La puerta del salón se abrió con un sonido seco, y allí estaba ella: alta, regordeta, con su vestido negro impecable y su moño tan tirante que desafiaba las leyes de la física.

La señora Fox miró la mesa y levantó una ceja al ver el pastel.

—¿Qué es esto? —preguntó en voz alta, con el ceño fruncido mientras avanzaba lentamente hacia la mesa.

Emma apretó el brazo de Olivia con nerviosismo.

—¡Está viendo el pastel! —susurró, casi sin aliento.

La señora Fox observó el pastel con detenimiento, ladeando la cabeza como si estuviera evaluando una obra de arte.

—Hmm... —murmuró para sí misma—. Se ve delicioso. ¿Qué haremos? Por supuesto que una probadita…

Tomó el cuchillo de plata que estaba al lado de la mesa. Emma contuvo la respiración y susurró emocionada:

—¡Lo va a cortar! ¡Lo va a cortar!

Olivia, incapaz de soportar la tensión, se tapó los ojos con las manos.

—¡No quiero ver!

Con movimientos cuidadosos, la señora Fox hundió el cuchillo en el pastel. En cuanto lo hizo, una nube de harina blanca explotó con fuerza, cubriéndola de pies a cabeza. Su rostro quedó completamente blanco, su moño comenzó a deshacerse y su impecable vestido negro ahora estaba decorado con manchas de harina.

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