CAPÍTULO 9 - SOY EL PADRE DE SUS HIJOS.
—¿Grace? ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?
Ambos se separaron de golpe. Grace miró hacia el origen de la voz, aún temblando por lo que acababa de suceder, mientras Lucien volvía a erguirse con una expresión de irritación, como si la interrupción lo hubiera molestado más de lo necesario.
—Ethan…
Grace tragó saliva con dificultad y su corazón se aceleró por un motivo completamente distinto: sabía que Ethan tenía sentimientos por ella, y ahora su presencia complicaba aún más la situación.
Lucien, por su parte, siguió el intercambio con ojos entrecerrados. Su mandíbula se tensó apenas, pero lo suficiente para reflejar su enojo interno. ¿Acaso Grace había rehecho su vida con otros hombres? ¿Había sido tan fácil para ella dejar atrás a los niños y continuar como si nada? La idea lo irritó más de lo que estaba dispuesto a admitir. Su mirada fría se posó en Ethan, evaluándolo, y lo atravesó con una hostilidad evidente.
—Estoy bien… —dijo ella, intentando sonar tranquila, aunque su voz delataba un leve temblor—. No pasa nada, de verdad.
Pero Ethan no pareció convencido. Dio unos pasos más hacia ellos, deteniéndose frente a Lucien con el ceño fruncido. Su postura era protectora, casi desafiante, mientras sus ojos iban de Grace a Lucien.
—No voy a permitir que los clientes se propasen contigo, Grace —habló con firmeza, clavando la mirada en Lucien como si quisiera traspasarlo.
Lucien arqueó una ceja, su expresión mezclando desdén y una sonrisa helada que no alcanzaba sus ojos. Dio un paso hacia Ethan, sin apartar la mirada.
—Yo no soy un simple cliente —afirmó. Entonces giró ligeramente la cabeza hacia Grace, su mirada fijándose en ella un instante antes de volver a Ethan—. Soy el padre de sus hijos.
El impacto de esas palabras cayó como un relámpago. Ethan frunció el ceño, sus ojos buscando respuestas en el rostro de Grace.
—¿T-tienes hijos? —preguntó en voz baja, claramente confundido.
Lucien dejó escapar una risa corta y burlona, como si la confusión de Ethan lo divirtiera.
—Tres, para ser exactos. —Hizo una pausa breve y añadió con arrogancia—. Y todos son míos. ¿Sabes, Ethan? —continuó Lucien, pronunciando su nombre con un tono desdeñoso—. Debo reconocerlo, tienes agallas. Pero no te equivoques, muchacho. Y por tu bien, te sugiero que sigas sirviendo tragos y te pierdas.
Grace, horrorizada, abrió la boca para intervenir, pero las palabras de Lucien ya habían hecho mella en Ethan, cuyo rostro se había endurecido aún más. Sin embargo, antes de que el joven pudiera responder, Lucien volvió a mirar a Grace, ignorándolo por completo, como si la conversación ya no mereciera más de su atención.
—Pídele que se vaya —le ordenó.
Grace apretó los labios, sus ojos brillando con un destello de molestia. Miró a Lucien y, en un gesto claramente exasperado, puso los ojos en blanco antes de dirigirse a Ethan.
—Te explicaré luego, ¿sí? —dijo con un tono calmado, pero insistente, mientras daba un paso hacia él y tocaba su brazo con suavidad, algo que no pasó desapercibido para Lucien—. Ahora regresa. Rick se va a enojar si no estás en la barra.
Ethan miró a Grace con evidente preocupación, luego a Lucien, como si evaluara si podía confiar en dejarla a solas con él. Finalmente, asintió con renuencia.

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