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LOS TRILLIZOS DEL MAGNATE: ¡mi niñera es mi mami! romance Capítulo 7

CAPITULO 7- NUESTROS HIJOS.

La imponente figura de Lucien destacaba incluso en la penumbra del club. Vestido con un traje oscuro impecable, parecía fuera de lugar entre el caos y el ruido del ambiente. Pero lo que más llamaba la atención era su mirada: fría, calculadora, como si estuviera evaluando cuánto tardaría en acabar con el hombre si se atrevía a desobedecer.

El dio un paso hacia ellos, sus ojos azules clavados en el hombre como si fueran cuchillas de hielo.

—Te lo diré una sola vez —gruño, inclinando ligeramente la cabeza—. Suéltala. O te aseguro que esta noche será la última vez que salgas caminando por esa puerta.

El hombre tragó saliva, su ira rápidamente transformándose en miedo. Podía sentir que Lucien no estaba bromeando. Había algo en su presencia, en la forma en que lo miraba, que le decía que este no era un hombre con el que querría meterse. Lentamente, bajó su mano y retrocedió un paso, soltando a Grace de inmediato.

—No quería problemas... —balbuceó, tratando de justificarse—. Solo fue un malentendido.

Lucien no respondió. En lugar de eso, cambio la mirada a ella y sus ojos eran dos pozos oscuros llenos de desprecio.

—Tenemos que hablar —dijo, sin molestarse en dar más explicaciones.

Grace apenas tuvo tiempo de abrir la boca para responder cuando él la agarró de la muñeca con fuerza y comenzó a arrastrarla hacia la salida del club.

—¡Suéltame! ¿Qué demonios crees que estás haciendo? —protestó, intentando resistirse, pero su agarre era implacable.

La sacó del club y una vez afuera, bajo la luz tenue de la calle, finalmente la soltó. Grace retrocedió de inmediato, llevándose la mano a la muñeca adolorida. Su pecho subía y bajaba con rapidez, y sus ojos se clavaron en él con una mezcla de rabia y miedo.

Había pasado tanto tiempo desde la última vez que lo había visto que, por un momento, no supo qué decir. Pero el impacto de su presencia era innegable, como si el pasado que había intentado enterrar hubiera regresado para reclamarla.

—Tú... tú, ¿qué haces aquí? —preguntó finalmente —. ¿Cómo me encontraste? ¿Qué quieres?

Después de hacer esa pregunta, el pánico comenzó a instalarse en su interior. ¿Había sido su padre? ¿Había enviado a Lucien a buscarla? La idea la hizo estremecerse, pero antes de que pudiera desechar la ide, Lucien habló, interrumpiendo sus pensamientos con un tono cargado de veneno.

—¿En esto te has convertido? —espetó, con una sonrisa cruel que no alcanzó sus ojos—. La hija perfecta del director del hospital más prestigioso del país, sirviendo tragos y coqueteando con borrachos en un club de mala muerte. Qué degradante, Grace. Aunque supongo que esta es tu idea de "empezar de nuevo".

Ella sintió cómo las palabras la golpeaban como látigos. La ira comenzó a arder en su interior, pero no iba a dejar que él, de todas las personas, la humillara. No otra vez. Se cruzó de brazos, alzando la barbilla con desafío.

—Mi vida no es tu problema, Lucien —respondió con frialdad ―Ahora dime que coño quieres o déjame en paz.

El movimiento hizo que sus senos se apretaran contra la tela del uniforme, y aunque ella no lo notó, Lucien sí. Su cuerpo reaccionó de inmediato, como si los años no hubieran pasado, como si aún pudiera sentirla bajo él, jadeando su nombre. Su mandíbula se tensó al recordar noches pasadas juntos, noches que había intentado borrar de su memoria. La rabia creció dentro de él al darse cuenta de que, incluso ahora, ella seguía teniendo ese poder sobre él.

Mientras tanto y ante su silencio, Grace alzó una ceja, con una expresión de fastidio que parecía decirle que no tenía tiempo para sus juegos. Pero por dentro, su corazón latía con fuerza, nerviosa por la intensidad de su mirada y, sobre todo, por el motivo de su aparición.

Lucien, endureció su mirada, intentando recuperar el control.

—¿Qué pasa? ¿Estás ansiosa por volver con esos borrachos? —dijo, su voz goteando desprecio—. Tal vez no debí haberte salvado, quizás en realidad estas muy cómoda con ellos. ¿Es eso lo que haces ahora? ¿Dejas que cualquiera te toque, por dinero?

Grace bufó, lanzándole una mirada cargada de desprecio.

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