La habitación ya estaba vacía.
Una sonrisa cargada de ironía se dibujó en sus labios.
Se burlaba de sí misma: proteger a su bebé dependía exclusivamente de lo mucho que Sebastián Salvatierra valoraba a Valeria Villalobos.
Decidió no darle más vueltas al asunto y volvió a meterse en la cama.
Esa noche, Sebastián no regresó.
Después de desayunar, Yara Herrera llegó al Consorcio Salvatierra.
Se sentó en su escritorio y comenzó a organizar unos documentos. Esa misma mañana tenían un almuerzo de negocios con Ricardo Centurión, el director de una importante empresa tecnológica.
Al ver que la hora acordada ya había pasado y Sebastián seguía sin aparecer, Yara comenzó a sentir ansiedad.
Joel Perales se acercó a su lugar y le soltó secamente:
—El Señor Salvatierra tuvo un contratiempo. El almuerzo con el Señor Centurión se pospone para la cena.
Al escuchar eso, Yara detuvo sus manos de golpe.
¿Un contratiempo?
Después de que Valeria lo llamara la noche anterior, Sebastián no había vuelto a la Mansión de los Abuelos.
¿Y ahora resulta que ni siquiera iba a trabajar?
Sebastián siempre había sido estrictamente profesional; no toleraba el más mínimo error de nadie.
Yara recordó cuando apenas comenzaba como su secretaria. Para cumplir con las altísimas expectativas, solía quedarse trabajando y estudiando hasta la madrugada.
Las empresas de Sebastián abarcaban múltiples sectores, así que, para estar a la altura, ella compraba y leía cualquier libro relacionado con el trabajo.
Malpasarse y saltarse comidas se volvió su pan de cada día, hasta que esa dieta tan perjudicial le provocó una grave gastritis.
Hubo una vez...
El dolor fue tan agudo que perdió el conocimiento. Todo se volvió negro y cayó pesadamente al suelo.
Fueron unos colegas que pasaban por ahí quienes la ayudaron a levantarse.
Cuando Sebastián pasó a su lado, solo le lanzó una mirada gélida y soltó:
—Si te sientes mal, ve al hospital. No retrases los proyectos de la empresa.
Ella se repetía una y otra vez que él, como líder, debía priorizar los intereses del consorcio, que debía pensar en el panorama general.
Pero no pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas por el resentimiento.

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