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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1486

Las miradas de los presentes seguían pegadas a Casiana, murmurando y riéndose de ella.

¿Y qué si se había casado con alguien de la familia Hidalgo?

¿Quién no sabía cómo había obtenido el título de señora Hidalgo?

Llevaban años casados y las veces que se les había visto juntos se podían contar con los dedos de una mano.

Si ellas estuvieran en su lugar, jamás habrían tenido el valor de asistir a un evento como ese.

Casiana escuchó las burlas de todos y apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

Unos segundos después.

Movió las piernas y caminó directamente hacia donde estaban Leticia y las demás.

—¿Qué quieres? —La chica de cabello corto, Verónica, la miró con aire altivo.

—¿Sabes por qué tu familia te envió a ti? —Casiana levantó la barbilla, con una sonrisa en su hermoso rostro—. Porque tu madre engañó a tu papá con su entrenador personal, tu papá los atrapó en la cama y, tras la paliza que les dio, ella terminó recuperándose en el Hospital Regional de la Capital. Por supuesto que ella no podía venir.

—¿Q-qué estupideces estás diciendo?

Verónica jamás imaginó que el escándalo de su familia sería expuesto de esa forma; palideció del susto y lo negó de inmediato.

—Eso es mentira. Casiana, te atreves a calumniar a mi madre.

—Hospital Regional de la Capital.

Casiana la miró con absoluta calma y dijo sin prisa:

—¿Quieres que diga el número de habitación para que los reporteros vayan a comprobarlo?

Verónica cerró la boca al instante, sin atreverse a provocarla más.

—Y en cuanto a ti... —La mirada de Casiana se posó en Paula, la chica de cabello largo a la derecha, y sonrió dulcemente—. Hace un momento dijiste que yo ya casi era una esposa repudiada y que no tenía derecho a venir a unas Bodas de Oro.

—¿Pero tú, siendo la amante de un empresario, sí tienes derecho?

¿La amante de un empresario?

Esta información fue como una bomba. Los invitados empezaron a murmurar con gran interés.

Aunque la familia de Paula tenía algo de dinero, en comparación con los demás, pertenecían al nivel medio-bajo.

De lo contrario, no se habría convertido en una simple seguidora de Leticia.

—Casiana, ¿qué estás diciendo? —Paula se puso pálida y le reclamó en tono frío.

Casiana paseó su mirada y finalmente la fijó en Leticia, atacando sin piedad:

—Oh, cierto. A Félix no le agrada lo entrometida que eres, así que te bloqueó de los mensajes y llamadas. Supongo que no podrás preguntarle.

—Casiana, ¿de qué te enorgulleces? —Leticia apretó los puños, dio un paso adelante y miró a Casiana sin ninguna intención de ceder.

—¿Qué pasa? ¿Quieres que también cuente las gloriosas hazañas de tu madre?

Casiana mantenía una leve sonrisa, pero su voz sonó fría y contundente.

—Atrévete, a ver si papá te lo perdona —Leticia no sintió ni una gota de miedo.

—¿Y qué importa si no me lo perdona? —La sonrisa de Casiana se hizo más grande—. Podrá ir tras de mí, pero ¿se atrevería a ir en contra de la familia Hidalgo?

Leticia se quedó helada.

Era cierto.

Por muy poco querida que fuera Casiana, seguía ocupando el puesto de señora Hidalgo.

Incluso su padre tenía que tratarla con suma cortesía.

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