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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1974

—¡Shh!

El rostro de Lourdes palideció y le hizo un gesto frenético para que se callara.

—¿Es el activo?

El gerente se quedó mirándola con cara de idiota unos segundos y soltó una exclamación de sorpresa.

—¿El Mandatario es el activo? ¡Entendido, entonces elegiré a uno más sumiso!

«¡¡¡!!!»

Lourdes sintió que un escalofrío le recorría la espalda. Rogaba al cielo que el Mandatario no lo hubiera escuchado.

¡Por supuesto que Darío lo había escuchado!

Y enseguida entendió qué estaban conspirando esos dos.

¿Qué le iban a regalar?

¿Un chico mantenido?

¡Qué maravilla, Lourdes Yáñez!

—¡Vámonos de aquí, rápido!

Lourdes tenía ganas de meterle un puñetazo al gerente. ¡Qué falta de sentido común!

Le estaba pidiendo que se callara, no confirmando... la posición que prefería el Mandatario en la cama.

Su plan original era llevar a un chico atractivo y dejar que la acompañara para que el Mandatario lo notara de forma casual.

Si le interesaba, aprovecharía la oportunidad para dejárselo.

Así no se vería tan forzado.

Pero ahora ni siquiera le había visto la cara.

Y mucho menos conocía su orientación sexual.

Si el rumor resultaba falso y a él no le gustaban los hombres, intentar regalarle uno sería un error fatal que le saldría carísimo.

A juzgar por su actitud de hace un momento, parecía estar de acuerdo con la propuesta del orfanato.

¡Con esto, seguramente lo ofendería!

—¿Eh?

El gerente seguía en las nubes. Cuando estaba a punto de pedir explicaciones, la voz grave y magnética del hombre resonó detrás del biombo:

—Señorita Yáñez, ¿acaso me trajo un regalo?

«¡!»

La boca abierta del gerente se cerró de golpe y sus ojos miraron a Lourdes con pánico absoluto.

Su mirada parecía gritar: ¡¿Es el Mandatario?! ¡¿Es el Mandatario el que está hablando?!

¡Estamos acabados!

El gerente puso cara de perro regañado, al borde de las lágrimas.

Lourdes se llevó la mano a la frente con ganas de que la tragara la tierra. Se dio la vuelta con lentitud y forzó una sonrisa dolorosa:

—S-sí, le traje un pequeño detalle. Enseguida pido que se lo traigan.

—Qué considerada es la señorita Yáñez.

Darío curvó ligeramente sus finos labios; sus ojos rebosaban ternura.

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