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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1485

—No ha comido muy bien —respondió la empleada con sinceridad—. Supongo que al comer sola se siente muy triste.

Félix oscureció la mirada, lo que asustó a la empleada y la hizo desviar la vista de inmediato.

—Prepárale una sopa nutritiva —dijo Félix, apretando los labios—. Y a partir de ahora me quedaré a vivir aquí.

—¿Eh?

La empleada se quedó pasmada por un par de segundos antes de sonreír de oreja a oreja.

—Sí, de inmediato prepararé todo.

***

Cuando Casiana despertó.

Ya había anochecido y no había rastro de Félix en la casa.

La empleada le explicó todo con claridad y luego le entregó lo que habían enviado de la residencia principal.

Era una invitación para un evento al día siguiente.

Se trataba de las Bodas de Oro de los señores Galindo, y toda la alta sociedad del Continente del Sur estaba invitada.

—El joven amo me pidió que se lo explicara así —dijo la empleada con una sonrisa encantadora—. También me aseguró que irá a buscarla en cuanto termine sus asuntos.

—A él nunca le han gustado este tipo de eventos sociales —respondió Casiana, frotándose el tobillo, distraída—. No importa si va o no.

—Señora...

La empleada se acercó, mostrando una sonrisa radiante.

—El señor parece otra persona, ha estado muy atento con usted.

—Es cierto, ha cambiado —dijo Casiana, mirando el medicamento en su mesita de noche, con los pensamientos hechos un caos—. Solo que no sé si eso es algo bueno o malo.

De repente sentía que ya no podía descifrar las intenciones de Félix.

***

Después de que la empleada se retirara.

Casiana llamó a su mejor amiga.

—¿Cómo va la investigación que te pedí?

—Descubrí un poco —respondió su amiga en voz baja—. Se dice que el amor platónico de Félix era de nuestra misma generación. Aún no sé quién es exactamente.

Alguien de su misma generación y que conociera a Félix.

Casiana lo pensó por un momento, y de pronto le vino a la mente la imagen de una chica.

Era una compañera de la clase de al lado, compañera de estudios de Félix, que se había ido al extranjero a especializarse hacía tres años.

—Ay, si ya se van a divorciar, ¿cómo iban a venir juntos?

—¿Divorcio? —La chica alzó la voz a propósito, atrayendo las miradas de los presentes. Y con más arrogancia añadió—: ¡Vaya! Si ya se van a divorciar y aun así vienen a unas Bodas de Oro, está claro que vienen a arruinar la fiesta.

Ante tales palabras.

Todas las miradas se clavaron de inmediato en Casiana.

Casiana se dio la vuelta y vio que quienes hablaban eran el séquito de amigas de Leticia Sotelo.

En ese círculo, todos sabían cómo había conseguido el título de señora Hidalgo.

Y nunca nadie la había tomado en serio.

Más bien la veían como un chiste.

—¿Qué tonterías están diciendo?

Leticia sonrió con malicia y dijo a propósito:

—Escuché que mi cuñado regresó al Continente del Sur. Seguro vendrá a acompañar a mi hermana.

—¿Entonces por qué no está aquí? —añadió una amiga para echar más leña al fuego—. Si regresó y ni siquiera la acompaña a la fiesta, ¿qué tan mal deben estar?

¡Parecía que los rumores del divorcio estaban a punto de confirmarse!

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