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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1587

Inés se ruborizó por completo. ¿Acaso se podía considerar ese su primer beso?

—Ya está. —Al verla tan avergonzada, Wilfredo le acarició el cabello y dijo con suavidad—: Se acabó el tiempo, dame otro abrazo.

Si la tía Serena regresaba de repente y los veía, la situación sería muy incómoda.

—Ya vete, mi mamá está por llegar. —Inés negó con la cabeza, empujando a Wilfredo hacia el ascensor—. Nos vemos mañana.

Habían quedado en ir de excursión al día siguiente.

—De acuerdo. —Wilfredo, feliz de haber conseguido un beso, era fácil de complacer. Justo cuando iba a presionar el botón del ascensor...

La puerta del departamento de Inés se abrió de golpe, y la figura de Serena apareció frente a ellos.

Serena, envuelta en un chal y con los brazos cruzados, los miraba con total frialdad.

—¡Mamá! —Inés saltó de los brazos de Wilfredo de inmediato. La sonrisa desapareció de su rostro y se puso sumamente tensa—. ¿No estabas afuera caminando?

Aún no había pensado en cómo confesarle todo a su madre.

—Mhm —respondió Serena con voz grave—. Hoy el clima no estaba bueno, así que no salí.

Había escuchado ruidos y se había quedado de pie junto a la puerta durante casi diez minutos. Los había visto abrazándose y besándose, e incluso había estado contando los segundos.

—Tía Serena... —Wilfredo tampoco esperaba que su relación quedara al descubierto en una situación como esa.

Por miedo a que culpara a Inés, él rápidamente la puso detrás de él y, con expresión seria, declaró:

—Fui yo quien provocó a Inés primero. Por favor, no la culpe a ella. Si está enojada y quiere desquitarse, hágalo conmigo.

—Mamá, nosotros... —Era la primera vez que Inés le ocultaba algo así a su madre y no sabía qué hacer.

Solo quería calmarla rápidamente, ya que su salud no era muy buena.

—Entren, hablaremos adentro. —Serena les lanzó una mirada profunda, empujó la puerta y entró primero.

—Wilfredo... —Inés se giró para mirar al hombre.

***

En la sala del departamento.

Serena estaba sentada en el sofá. Su rostro, ya de por sí pálido por su débil salud, ahora lucía aún más descolorido. Miraba a su hija, que mantenía la cabeza agachada, y luego al alto e imponente hombre a su lado.

Por más que lo intentara, jamás habría imaginado que esos dos terminarían juntos.

—A ver, explíquenme. ¿Quién dio el primer paso? —Serena se apoyó en el reposabrazos del sofá, sosteniendo su cabeza para mantener la compostura—. ¿Y desde cuándo están juntos? Si no los hubiera descubierto hoy, ¿cuánto tiempo más pensaban ocultármelo?

—Mamá, por favor, no te alteres. —A Inés se le llenaron los ojos de lágrimas por el miedo.

—Todo es culpa mía. —Wilfredo apartó a Inés a un lado y luego tomó el cuchillo para fruta que estaba sobre la mesa.

—¿Qué... qué vas a hacer? —Serena se asustó tanto que saltó hacia atrás un par de pasos, con el corazón latiendo a mil por hora.

¿Iba a matar a la madre para quedarse con la hija?

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