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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1693

—¿Te gusto?

Gilda soltó una risa fría, preguntando con indiferencia: —¿Qué es lo que te gusta de mí? ¡Dime!

—Me gusta todo. Esa cara seria, tu mal genio, hasta un solo cabello tuyo me gusta.

Héctor movió sus finos labios y dijo marcando cada palabra: —Me gustas de adentro hacia afuera, de arriba abajo.

—Si pudieras abrirme el pecho, seguro verías tu nombre grabado en mi corazón.

Gilda no solía creer en esos cuentos de romance, pero pudo sentir la sinceridad en Héctor.

Era cierto.

Si no fuera sincero, no habría logrado alterar su corazón.

—Pero tú a mí no me gustas —murmuró Gilda, esperando que con eso él se diera por vencido.

—¿Acaso te gusta Máximo Solórzano?

—No.

—Con eso me basta. —El rostro de Héctor se iluminó con una sonrisa—. Solo significa que no te gusto ahora, pero eso no quiere decir que no te vaya a gustar en el futuro.

—Tampoco me vas a gustar en el futuro. —Gilda frunció el ceño.

—No importa. —Héctor dio dos pasos hacia adelante, acercándose a ella con una mirada seria—: Mientras tú me gustes, eso me basta.

Gilda se quedó sin palabras, sin ganas de seguir perdiendo el tiempo con él.

—Aún no has cenado, ¿verdad? —Héctor miró alrededor de la sala y añadió—: Voy a comprar algo para prepararte una comida rica. ¿Qué se te antoja?

—Héctor, no eres mi sirviente. —Gilda se levantó furiosa—. Por mucho que intentes complacerme, no lograrás que me enamore de ti.

—Lo sé. —Héctor también se levantó y, gracias a su altura, la miró desde arriba—: Yo solo quiero tratarte bien, no pido nada a cambio.

—Qué aburrido.

Gilda no quiso prestarle más atención, tomó las llaves del auto y salió.

Fácilmente podría haberle dado una paliza, pero simplemente no tenía corazón para hacerlo.

—¡Gilda!

Para cuando Héctor salió corriendo a buscarla, Gilda ya había desaparecido.

Se quedó allí parado, rascándose la cabeza torpemente.

Qué desastre, parecía que la había asustado de verdad.

***

Gilda tenía la mente hecha un caos.

Rogelio fue a su estudio con todo y almohada, y llamó a Héctor de inmediato.

—Sí, ya me declaré.

Héctor no tenía las llaves del departamento de Gilda, así que al salir detrás de ella se quedó sin forma de entrar y ahora estaba sentado afuera esperándola—: Luego me rechazó y la asusté.

Rogelio se frotó la sien, sintiéndose frustrado y sin poder quejarse: —Con razón vino Gilda a robarme a Aldi.

—¿Gilda está con mi cuñada? —Héctor soltó un suspiro de alivio—. Entonces está a salvo, ya me quedo más tranquilo.

—Je. —Rogelio se rio, enojado y con los dientes apretados—: ¿Ese es el punto?

El punto era que esta noche iba a dormir solo.

No.

¿Y si Gilda, en su intento de huir de Héctor, decidía mudarse ahí de forma permanente?

¿Iba a tener que dormir él en el estudio para siempre?

Bien, perfecto.

Su querido hermano menor quería conseguirse una novia, fracasó miserablemente y de paso hizo que su hermano mayor perdiera a su esposa en la cama.

¡Qué maravilla!

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