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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1694

—Y eso, ¿qué tiene que ver conmigo?

Héctor todavía tenía un poco de tos y contestó con voz apagada: —Eso lo tienes que hablar con mi cuñada. Si ella se negara, Gilda no te habría robado la cama.

—¿Qué estás insinuando? —El rostro de Rogelio se ensombreció.

—Lo que digo es que deberías ir y quejarte con mi cuñada, pedirle que corra a Gilda. Así tú recuperas a tu esposa y yo puedo volver a ver a la mía. —Héctor soltó una risita maliciosa—. Matamos dos pájaros de un tiro, ¿qué opinas, hermano?

Si Gilda estuviera escondida en cualquier otro lado, él todavía podría tener el descaro de ir a buscarla.

Pero estando escondida en casa de su cuñada...

Ni aunque le prestaran cien vidas se atrevería a acercarse.

Él apreciaba su vida.

—¿Que yo hable con Aldi? —Rogelio rio secamente, una risa que le puso los pelos de punta a Héctor—: ¿Tú crees que yo tengo el valor para ir a negociar eso con ella?

La comisura de los labios de Héctor tembló.

Sabe que es un mandilón y no tiene ningún peso en esa casa, pero vaya que lo acepta con mucho orgullo.

De acuerdo, de acuerdo.

Ya sabía que le tenía pavor a su esposa y no mandaba nada.

—Hermano, ¿tú crees que yo le intereso a Gilda? —preguntó Héctor con tono derrotado—: Me siento un poco inseguro.

Era su primera vez intentando conquistar a una chica y no tenía ninguna experiencia.

—Claro que sí.

Rogelio asintió sin dudarlo: —Con la personalidad de Gilda, si no le interesaras, te ignoraría por completo. Ni siquiera se molestaría en esconderse de ti.

—Entonces, ¿aún tengo oportunidad? —exclamó Héctor, emocionado.

—Solo te diré que le eches ganas. —Rogelio negó con la cabeza, resignado—: Gilda no es de corazón frío, tienes que hacer que vea tus verdaderas intenciones.

—Entendido. —Héctor apretó los labios y su ánimo regresó de golpe—: Si tú pudiste conquistar a Aldi, seguro yo también puedo conquistar a Gilda.

Rogelio: —Yo soy muy diferente a ti.

Héctor: —¿En qué?

Rogelio: —¡Yo sí uso el cerebro!

Héctor guardó silencio.

***

Gilda no terminaba de creerlo. En privado, había escuchado a otras chicas decir que la inteligencia emocional de Aldi en temas del amor no era muy alta.

—Es que... —Gilda apretó los labios, avergonzada de tener que confesarlo—: Se me declaró y me pidió que fuera su novia.

—Si te gusta, dile que sí; si no, recházalo. —Aldana hablaba como toda una experta—: ¿Qué es lo que te preocupa?

El amor entre adultos era sencillo, sobre todo con una personalidad como la de Gilda.

Si no le interesara, seguramente ni siquiera le habría dado una oportunidad para hablar.

Para que estuviera tan frustrada, significaba que también sentía algo por él.

—Es que...

Gilda apretó los labios, sin saber por dónde empezar, bajando ligeramente la mirada.

—¿Sí?

Aldana se acercó aún más, preguntando con interés: —¿Es que qué? Cuéntame, me estás matando de curiosidad.

La verdad, se moría por saber el chisme completo y descubrir quién era el hombre capaz de robarse el corazón de su amiga.

—Soy cuatro años mayor que él. —Gilda hizo una pausa—: Además, su mamá una vez creyó que él andaba con otra chica de mi trabajo y vino a buscarme. Por cómo hablaba, seguro quiere conseguirle una niña de su misma edad y de una familia a su nivel.

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