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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 185

Jenny parpadeó, observando detenidamente a la joven que tenía enfrente.

La chica mantenía la cabeza ligeramente inclinada. Bajo la visera de la gorra, su rostro de una belleza exquisita, bañado por la cálida luz, era increíblemente hermoso y emanaba un aura poderosa e intimidante.

Esa chica no debía tener ni veinte años, ¿verdad? ¿Tan joven y con un conocimiento tan profundo del diseño? ¿Guiarla para ganar un premio internacional? Solo pensarlo sonaba un poco absurdo.

¿Y si se había equivocado? ¿Y si su maestra aún no había llegado? La gorra podría ser... solo una coincidencia.

Jenny frunció el ceño, sumida en una profunda duda.

—Jefa.

Mientras Jenny reflexionaba, el gerente se acercó y dijo respetuosamente:

—Ya llamamos a seguridad. Enseguida se llevarán a estas personas que vinieron a propósito a causar problemas.

—¿Causar problemas? —Jenny arrugó la frente, sin entender.

—Así es. —El gerente, sudando a mares, confesó con honestidad—: Esta señorita ha estado molestando a nuestro personal de ventas a propósito. Se probó un montón de ropa y... como no puede pagarla, se puso a decir que…

El gerente hizo una pausa de unos segundos y luego continuó:

—...que sus diseños de este año no son buenos, que no hay nada que le guste.

¿Que sus diseños no eran buenos?

Su maestra también le había dicho eso una vez.

Jenny frunció ligeramente el ceño, su mirada se posó en Aldana, observándola a escondidas.

Maldita sea. ¿Esta chica tenía alguna relación con su maestra o no?

Tenía que acercarse y preguntarle claramente, no fuera a ser que ofendiera a la persona equivocada.

Lucrecia, a quien le encantaba sentirse importante, asumió que Jenny iba a encargarse personalmente de Aldana. Ajustó de inmediato su celular, enfocando la cámara del directo en ellas dos.

En un instante, la transmisión se llenó de espectadores.

—¿Qué? ¿Aldana fue a una tienda de lujo y no tiene dinero para pagar?

—No puede ser, ¿no? Debería ganar bastante dinero con sus coreografías.

—No necesariamente. Niebla nunca ha ganado dinero con la danza. Los derechos de todas sus coreografías son de acceso público y gratuito en todas las plataformas.

—El gerente acaba de decir que se probó un montón de ropa sin comprar nada y no se quiere ir. Qué pobre y qué prepotente.

—Esperemos a ver, no me parece que sea así. Niebla es alguien que regala trajes de baile de un millón sin pestañear, ¿y no va a poder pagar unos miles?

—Si pudiera pagar unos miles, ya estaría en una escuela de élite, ¿acaso estaría en un lugar tan pobre como el Instituto Altamira?

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