«Mira nada más lo dócil que lo has dejado».
***
Al escuchar el nombre de Darío Alzamora, la sonrisa en el rostro de Lourdes se congeló.
—Perdón.
A Aldana se le escapó por pura inercia.
—No puedes olvidarlo, ¿verdad?
—Ya lo superaré. —Lourdes forzó una sonrisa y cambió de tema—. Por cierto, Aldi, ¿tú puedes saber el sexo del bebé tomándome el pulso?
—¿Quieres saber qué clase de criatura llevas ahí?
«¿Criatura?».
Lourdes apretó los labios, y su buen humor regresó de golpe.
—¡Aldi, es mi bebé! ¡No es una criatura!
—¡Uy, qué protectora! —Aldana sonrió levemente, se acercó a ella y le susurró unas palabras al oído.
¡Pum!
Lourdes la miró sorprendida, con una expresión de total desconcierto.
«¿Un niño?».
«En ese caso, cuando nazca... ¿se parecerá a Darío Alzamora?».
***
Noche de Fin de Año.
Afuera, el ruido de los fuegos artificiales no cesaba; adentro, el ambiente era de una alegre reunión familiar.
Cuando casi terminaban de cenar, Lourdes se armó de valor y se puso de pie.
—Quiero decirles algo a todos.
En un instante, las conversaciones cesaron y todas las miradas se clavaron en ella.
—Yo...
Justo cuando iba a continuar, sintió un revuelo en el estómago y una fuerte oleada de náuseas la invadió.
—¡Agh!
Lourdes no aguantó más y salió corriendo hacia el baño.
Cuando por fin salió... todos estaban sentados en los sofás, mirándola fijamente.
Lourdes apretó los labios, sintiéndose culpable, y murmuró:
—Estoy esperando un bebé.
Vio cómo, a excepción de Aldi, a todos se les caía la mandíbula de la impresión.

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