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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1924

¿Aldi?

—Pfft...

Gilda no pudo contenerse y una risa resignada escapó de sus labios.

Con semejante autoridad en la familia, ¿cómo iba a poder jugar Héctor?

Ya hasta daba lástima.

—¿Cuál es el juego de la tercera prueba? —preguntó Aldana con aire perezoso mientras disfrutaba de un helado.

—¡Mira! ¡Esconder el zapato de la novia! —Lourdes sacó el zapato nupcial que había preparado y sonrió hasta que sus ojos se volvieron medias lunas—. ¡Tiene que encontrarlo para poder llevarse a la novia!

—Ah.

Aldana conocía muy bien esta tradición. Cuando ella se casó, su zapato estaba escondido en el carrito del pequeño Gordito.

Rogelio era muy inteligente y lo encontró sin esfuerzo.

Pero con el cerebro de Héctor...

Si de verdad lo escondía, él jamás lo iba a encontrar.

Y así, no habría boda.

Además...

La habitación tampoco era tan grande, ni siquiera había un buen lugar para esconderlo.

—Aldi, ¿dónde lo vas a esconder? —preguntó Lourdes con curiosidad—. No irás a ser blanda con él solo porque es el hermano de tu esposo, ¿verdad?

—Ni se te ocurra tenerle piedad —dijo Rogelio, que entró caminando detrás de Aldana sosteniendo su abrigo—. Todo lo que yo sufrí, él también tiene que experimentarlo.

Lourdes lo miró fijamente: ¿En serio este era su propio hermano mayor?

—Dámelo. —Aldana tiró el envase de su helado y tomó el zapato.

Echó un vistazo a la habitación y finalmente decidió ponerlo sobre la mesa.

Luego se sentó tranquilamente al lado y sacó su teléfono.

Todos los demás estaban perplejos. ¿Aldana de verdad se iba a apiadar de él?

¡Eso no tenía sentido!

Mientras todos intentaban procesarlo, el novio finalmente llegó.

La puerta del cuarto se abrió.

Todos se agruparon detrás de Gilda y clavaron la mirada en la entrada.

Héctor, sosteniendo el ramo de flores, se paró en el umbral y lo primero que vio fue a su hermosa esposa.

Uuuuuh...

¡Qué mujer tan preciosa!

¡Su futura esposa era bellísima!

Las lágrimas casi se asomaron a sus ojos, pero entonces vio a las personas paradas detrás de ella...

Aquello no parecía un cortejo nupcial, parecía un pelotón de fusilamiento.

Al ver a su esposa, su corazón latía a mil por hora.

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