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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2059

—De acuerdo.

Al resolver ese nudo en su corazón, el humor de Lourdes mejoró notablemente.

—Vamos, vayamos a ver al abuelo.

***

Después de la cena.

Ambos se subieron al coche para abandonar la mansión Alzamora.

—¿No te sientes asfixiado o frustrado por tu decisión? —Lourdes inclinó la cabeza para mirar al hombre en el asiento del conductor.

Darío fijó sus ojos en ella; una profunda ternura inundó su mirada.

—Si el destino me recompensó trayéndote a mi lado, estoy dispuesto a perdonar cualquier injusticia que la vida me haya dado.

—Darío... —Lourdes acarició su rostro con devoción, sintiendo cómo sus ojos se llenaban de lágrimas—. Prometo que jamás me apartaré de tu lado.

—Lo sé. —Darío le besó la mano. Mientras ella estuviera allí, él tendría motivos para seguir viviendo.

***

En la prisión.

Camilo, sentado en una silla de ruedas, miraba a Don Octavio con los ojos inyectados en sangre.

—¡¿Cadena Perpetua?! ¡¿Cómo se atreve ese bastardo de Darío?!

—Intentaste asesinar a su familia entera, la Cadena Perpetua me parece bastante barata —replicó Don Octavio fríamente. Mirar al hijo que tanto había mimado toda la vida lo llenaba de frustración—. ¡Para salvarte el pellejo, tuve que pisotear toda la dignidad que me quedaba como tu padre!

—¡¿Y acaso tu dignidad es más importante que mi libertad?! —Camilo golpeó la mesa con furia, perdiendo el control—. Ve y suplícale de nuevo. Al fin y al cabo, ¡él también es tu hijo!

—Y si él no acepta, ¿no queda todavía el abuelo? —continuó Camilo, desquiciado—. Ve con el abuelo y dile que, si no me salvan, te quitarás la vida.

—¡El abuelo no dejará que su propio hijo muera!

Don Octavio se quedó inmóvil en su silla, observando en silencio cómo Camilo se volvía loco.

Darío lo odiaba con toda su alma. El único motivo por el cual le había perdonado la vida era el respeto hacia Don Belisario. Si el abuelo no estuviera, no solo Camilo estaría muerto, probablemente el propio Don Octavio tampoco habría sobrevivido.

—Cumple tu condena en paz. Vendré a visitarte con frecuencia.

Sin decir más, Don Octavio se puso de pie y dio la media vuelta.

—¡Papá, papá! —Camilo intentó levantarse de la silla y golpeó la ventana—. ¡Si no me salvas, mi vida entera se habrá acabado!

—¡Octavio Alzamora, ¿me estás sacrificando para ganarte el favor de Darío?!

—¡Octavio Alzamora!

***

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