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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2093

—El Profesor Jasso es un hombre inteligente —suspiró Leonel aliviado—. Será un placer hacer negocios.

Teniendo a Luciano acorralado con dos grandes secretos, estaba seguro de que cedería.

***

En la sala del proyecto.

Aldana estaba sentada frente a la computadora, ajustando los datos, cuando su estómago se revolvió de repente.

Una fuerte ola de náuseas la invadió.

Salió corriendo hacia el baño, se apoyó en el lavabo y comenzó a tener arcadas violentas.

Se había levantado muy temprano y no había tenido apetito para desayunar.

Aldana frunció el ceño. No se atrevió a decirle nada a ese viejo zorro de Rogelio, de lo contrario, no dejaría de sermonearla.

Al mediodía.

Aldana, Inés Palma y Elena Altuno acordaron ir a comer juntas a la cafetería.

Como acababa de vomitar, pidió platillos muy ligeros.

—Prima, ¿te sientes mal hoy? —preguntó Inés con curiosidad, mientras devoraba una gran pieza de pollo.

—Un poco.

Aldana asintió suavemente. No tenía apetito.

—Coman ustedes, no se preocupen por mí.

Luego levantó la vista hacia la enorme pantalla del lugar para matar el tiempo.

Justo estaban transmitiendo una clásica telenovela de época, en la escena donde la protagonista, por un retraso y náuseas constantes, cree estar embarazada.

¿Retraso?

¿Náuseas?

Aldana se recargó en la silla y calculó seriamente los días de su ciclo.

Por culpa del cansancio de las últimas semanas, no se había dado cuenta de que su periodo llevaba casi medio mes de retraso.

Y las náuseas...

¿Acaso era tanta coincidencia?

Aldana se enderezó de golpe y, por instinto, apoyó los dedos sobre su muñeca para tomarse el pulso. Con sus profundos conocimientos de medicina natural, evaluó la sutil alteración en su ritmo cardíaco.

Un segundo.

Dos segundos.

Tres segundos.

Pasaron varios segundos y el rostro de Aldana se volvió cada vez más serio, frunciendo el ceño profundamente.

Aunque su pulso era débil, su vasta experiencia clínica le permitió confirmarlo...

Estaba embarazada.

Aldana retiró la mano lentamente y se quedó paralizada. Su mente era un caos.

—Aldana, ¿qué te pasa? —Al ver su mala cara, Elena se acercó a preguntar con curiosidad.

—Prima, ¿estás bien? —Inés también se preocupó—. ¿Quieres que te llevemos al doctor?

—¿Al doctor?

Aldana esbozó una leve sonrisa:

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