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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2094

—Eva, me voy a dormir —dijo Aldana tras terminar su jugo, dirigiéndose a la habitación—. Para el desayuno de mañana, por favor prepara algo con más proteínas.

—Sí, señora. —Eva asintió y miró el reloj.

Apenas eran las nueve de la noche.

Por lo general, la señora no se acostaba antes de las once.

Y lo que era más raro aún...

El señor aún no había regresado.

¿Acaso se habían peleado?

Pero el señor Lucero... ¡jamás se atrevería a hacerla enojar!

***

A las diez de la noche.

Rogelio terminó sus asuntos en el consorcio y, al regresar a casa, encontró la sala en completo silencio.

La pequeña figura de su esposa no estaba ni en el sofá ni en el balcón.

—Señor. —Al escuchar movimiento, Eva apareció con pasos silenciosos y le informó—: La señora ya se acostó.

—¿Ya se durmió?

Rogelio se quitó el saco, frunciendo su espeso ceño:

—¿Se siente mal?

—No —respondió Eva—. Dijo que estaba cansada y prefirió ir a dormir temprano.

—De acuerdo.

Rogelio hizo memoria. Era cierto que últimamente parecía poseída por el espíritu de la pereza; se quedaba dormida en cualquier lugar y a cualquier hora.

—Ve a descansar.

Tras despedirse de Eva, Rogelio abrió la puerta de la habitación.

El cuarto estaba iluminado solo por una tenue luz de noche, y se veía un bulto bajo las sábanas.

Aldana tenía el rostro hundido en la almohada.

Había estado profundamente dormida, pero sus agudos instintos hicieron que despertara al instante.

—¿Ya llegaste?

Aldana rodeó instintivamente su cuello con los brazos. Su voz sonaba adormilada y perezosa.

—Sí.

Rogelio se inclinó y besó su frente, pero no pudo evitar que sus labios comenzaran a bajar.

Debido a los proyectos y los asuntos del consorcio, había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvieron intimidad.

Una pequeña chispa amenazaba con iniciar un incendio forestal.

Rogelio la tomó por la cintura, besando su cuello, mientras sus dedos intentaban desabrochar su bata de dormir casi por inercia.

Cuando sus dedos fríos tocaron su piel cálida, Aldana se despertó por completo.

Ella lo tomó de la mano con fuerza, con los ojos bien abiertos:

—Hoy no quiero.

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