Las tiras picantes de gluten eran una mejor opción que el helado.
Rogelio le dio un par de piezas más y la joven se las comió luciendo sumamente satisfecha.
—Rogelio Lucero, mejora tu actitud para la próxima.
—De acuerdo —Rogelio asintió, mostrándose increíblemente obediente y con la mejor actitud—: De ahora en adelante, si el bebé se le antoja algo, dímelo con antelación.
Al fin y al cabo, su esposa era una doctora prodigio. Ella misma sabía perfectamente qué podía y qué no podía comer.
Su trabajo era simplemente darle un suave recordatorio cuando se dejara llevar por los antojos y quisiera excederse con las porciones.
—¿Y eso?
Aldana clavó repentinamente la mirada en él, aún masticando, con los ojos llenos de suspicacia.
—Ejem —Rogelio carraspeó y mantuvo su mejor sonrisa—: Te decía que debes comer raciones pequeñas para que la criatura no se llene demasiado.
Aldana estaba muda.
Al final...
Bajo las dulces palabras y los suaves consuelos de Rogelio, Aldana terminó comiendo una buena porción de comida saludable y suave para el estómago.
***
Dos meses después.
Aldana terminó su tesis, defendió su proyecto en la universidad de forma anticipada y se graduó sin problemas.
—¡Buuuaaa! ¡No quiero que te vayas, Aldi!
Jacinta la abrazó, llorando mares:
—Sin ti aquí, ¿qué va a ser de mi vida?
—Bueno... —Aldana acarició la cabeza de su compañera y dijo lentamente—: Tú lograste entrar al posgrado, ¿verdad?
—Sí —Jacinta sorbió por la nariz y asintió vigorosamente.
—Felicidades, tu mentora de posgrado seré yo.
Aldana le guiñó un ojo, mostrándole una sonrisa.
Con su nivel de prestigio y tras superar varias aprobaciones administrativas, no solo podía guiar a estudiantes de posgrado, sino que hasta doctorandos se peleaban por ella.
Y vaya que era cierto.
Al principio hubo una gran cantidad de estudiantes de doctorado exigiendo ser alumnos de Aldana.
—¿Tú? —Jacinta se secó las lágrimas y, en menos de un segundo, su actitud pasó de lamentable a completamente respetuosa—: Al... ¡Profesora Carrillo! Por favor, cuide de mí.
—Descuida, seré muy estricta —Aldana le dio unas palmaditas en el hombro, hablando con una seriedad que asustaba.
—¡Aaah!
Las lágrimas que Jacinta acababa de contener volvieron a brotar de inmediato.
¿Su compañera de clases ahora era su mentora?

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