—De acuerdo.
Aldana frunció los labios y murmuró: —Hoy saldré tarde, no hace falta que vengas a buscarme.
—Recuerda comer a tus horas, no camines muy rápido y ni se te ocurra tocar nada peligroso...
Rogelio besó la frente de su esposa, repitiendo una y otra vez su letanía de recomendaciones.
Luego, desvió la mirada hacia su vientre.
Aldana parpadeó, curiosa por saber qué sermón le daría Rogelio al bebé.
Rogelio le acarició el vientre y lo amenazó con total seriedad: —Pórtate bien, o atente a las consecuencias.
Aldana estaba muda.
¿Acaso el amor paternal era como un terremoto a punto de estallar?
Tras ver a Aldana entrar a la Universidad de la capital, Rogelio volvió a su auto.
Últimamente, el Grupo Lucero estaba negociando una colaboración internacional. Iván y Eliseo llevaban medio mes intentándolo sin éxito.
Así que no tuvo más remedio que volver al trabajo para resolver el asunto en persona.
Cuando el auto se alejó de la universidad, Aldana salió de su escondite.
Apenas se puso de pie, su teléfono sonó de inmediato: —Señorita Carrillo, a partir de este momento tendré a mi gente vigilando al Sr. Lucero. Si él interfiere, ya sabe cuáles serán las consecuencias.
—La dirección —exigió Aldana, con voz gélida, sin ganas de escuchar sus tonterías.
—Calle Del Valle 59 —respondió el hombre sin dudarlo, sabiendo que el matrimonio ya estaba bajo su vigilancia.
Sin Rogelio cerca, estaba seguro de poder lidiar con una Aldana embarazada y completar la misión.
***
Poco tiempo después.
Aldana siguió la dirección y llegó al lugar.
Era una mansión en ruinas a las afueras de la ciudad. Parecía abandonada desde hacía años y estaba rodeada de maleza.
Aldana estacionó su motoneta eléctrica y se guardó las manos en los bolsillos.
Ese día llevaba un abrigo largo y holgado que ocultaba su vientre a la perfección.
Su postura era relajada. No había rastro de miedo en su rostro y emanaba un aura imponente que advertía a cualquiera que no se le acercara.
Su teléfono sonó otra vez. El hombre habló de repente: —Disculpe, creo que le di la dirección equivocada.
Aldana se quedó inmóvil, y un destello helado apareció en su mirada.

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