Aldana se quedó parada, evaluando al nervioso sujeto frente a ella.
Todavía no había hecho nada, ¿y ya estaba así de asustado?
¿De verdad era un secuestrador?
—Tsk. —Aldana soltó una risita, y deslizó la mano en su bolso, buscando algo.
—Señorita Carrillo, le sugiero que no intente ninguna estupidez.
Al ver su movimiento, el hombre agarró su arma con fuerza y apuntó hacia ella. Una fina capa de sudor cubría su frente.
Aldana lo ignoró y sacó la mano lentamente, sosteniendo una Paleta de mango entre sus dedos.
El hombre: «¿?»
Así que solo estaba sacando una paleta. Él pensó que desenfundaría un arma.
Aldana le quitó la envoltura, se la llevó a la boca y, con un ligero arqueo de ceja, dijo en tono despreocupado: —Tranquilo, solo es un dulce.
El hombre se sintió profundamente humillado. Sin poder refutar, se limitó a decir: —Señorita Carrillo, tendré que revisarla.
—Adelante.
Aldana se quitó el abrigo y abrió los brazos, revelando su vientre abultado.
Llevaba un vestido ligero y unos zapatos planos.
Estando de pie, era evidente que no ocultaba gran cosa a simple vista.
Pero el hombre no estaba dispuesto a omitir ningún detalle y se acercó con un detector de metales.
—Ten mucho cuidado con tus pezuñas, si me tocas... —Aldana bajó la mirada, dejando la frase en el aire, pero sus ojos irradiaban un frío aterrador.
—S-sí.
El corazón del hombre dio un vuelco. Apretó el detector y la revisó minuciosamente de pies a cabeza, varias veces.
Ni siquiera dejó de revisar las suelas de sus zapatos.
Y durante todo el proceso, se cuidó muy bien de no rozarla siquiera.
—Ya está, señorita Carrillo. —El hombre soltó un suspiro de agotamiento e hizo un gesto de falso respeto—. Por aquí, por favor.
—Vaya, qué secuestradores tan educados me tocaron —comentó ella con sarcasmo mientras avanzaba a paso lento.
—No se equivoque.
El hombre, que caminaba tras ella apuntando a su cabeza, respondió con mucha seriedad: —A todos los anteriores los trajimos arrastrando, pero usted es la única que viene por su propio pie.
—¿Ah, sí? Entonces supongo que debo agradecerles el trato especial —dijo Aldana, soltando una risa fría.

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