—Snif, snif...
De vuelta en los brazos de su padre, el pequeño se aferró con sus dedos regordetes y blancos a la camisa de Rogelio. Frunciendo su preciosa carita mientras sollozaba suavemente, lucía como si hubiera sufrido el mayor de los maltratos.
—No es un extraño, era tu tío Wilfredo quien te abrazaba —le susurró Rogelio con una voz tan dulce que parecía deshacerse en el aire. Mientras le arreglaba la ropita, dejó que el bebé le agarrara uno de sus largos dedos con su diminuta mano.
—Mmm...
Al escuchar la voz de su padre, el pequeño finalmente se tranquilizó y se quedó recostado en silencio contra su pecho.
—Tsk, tsk, tsk.
Sentado en el sofá, Wilfredo pelaba una manzana para Aldana mientras murmuraba, muerto de envidia:
—Esa cara de felicidad del viejo zorro da demasiada envidia.
Era el único en toda la familia que seguía en "periodo de prueba" antes del matrimonio.
Inés, que estaba sentada charlando con Aldana, escuchó la queja y le lanzó una mirada furtiva a su prometido.
—Ignóralo —dijo Aldana, con una leve sonrisa bailando en sus labios—. Tus estudios de posgrado son exigentes, mejor concentra toda tu energía en la universidad.
—De todos modos, Wilfredo ya está bastante grandecito, así que puede esperar. Ya sean dos años o veinte, tiene paciencia de sobra.
—Wilfredo es muy bueno —intervino Inés. Sus mejillas se tiñeron de un suave rubor y añadió en voz baja—: Él me trata muy bien, así que yo también quiero ser buena con él.
No podía ser tan cruel como para hacerlo esperar hasta que se le pusiera el pelo blanco.
—Está bien —Aldana curvó los labios en una sonrisa perezosa y divertida—. Nuestra familia no es muy exigente con él, con que logre conseguir esposa nos damos por bien servidos.
—Lo hará.
Justo cuando Inés asentía convencida, su mirada se cruzó con la de Wilfredo.
El hombre le guiñó un ojo descaradamente y articuló con los labios: "Te amo".
El gesto hizo que Inés apartara la vista de inmediato, con el rostro ardiendo. Sus mejillas estaban mucho más rojas que la manzana que él tenía en las manos.
La habitación entera parecía estar llena de burbujas rosadas gracias al aura acaramelada de los tortolitos.
«Ah, el romance ajeno siempre es tan entretenido de observar.»
Aldana sonrió divertida, pero al girar la cabeza, se dio cuenta de que Rogelio la estaba mirando fijamente.
Imitando a Wilfredo, Rogelio movió sus finos labios y le articuló en silencio:
"Yo también te amo."

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