Aldi no se había recuperado del todo.
Rogelio Lucero no quería que ella fuera.
—Aproximadamente quince días. —Aldana Carrillo abrió los ojos, su voz sonaba melodiosa—: Este medicamento es de vital importancia para tratar a los recién nacidos.
Si lograban desarrollarlo con éxito, podrían arrancar de las garras de la muerte a incontables niños en estado crítico.
Al escuchar sus palabras, Rogelio miró al saludable Maximiliano Lucero y se tragó las palabras con las que pensaba disuadirla.
Seguramente, Aldi también había considerado ese punto para acceder a liderar la expedición.
—Iré contigo —dijo Rogelio, sirviéndole un poco de pescado, con voz profunda.
—No es necesario —rechazó Aldana de inmediato—. Es mucho tiempo y el conglomerado no puede estar sin ti. Además, Maximiliano necesita el cuidado de su papá.
—Pero...
—Nada de peros. —Aldana lo interrumpió en tono serio—: Tu prioridad ahora mismo es aprender de tu hijo.
—¿Qué?
Rogelio se quedó completamente descolocado con esa frase.
¿Desde cuándo tenía que aprender algo de Maximiliano?
—Aprender a separarte de tu esposa, claro. —Aldana le hizo cosquillas en la barbilla a Maximiliano y le sonrió con ternura—. ¿Verdad, mi amor? ¡Papá tiene que madurar y no estar siempre pegado a mamá!
—¡Iyaaa!
Maximiliano abrió la boca de par en par, mostrando una sonrisa de pura felicidad.
—¡Aldi tiene toda la razón! —intervino Doña Marcela en ese momento—. Si te quedas a cuidar al niño, Aldi se irá mucho más tranquila.
Aunque Maximiliano ya estaba grandecito y se dejaba cargar por cualquiera, las personas con las que más cómodo se sentía seguían siendo sus padres... Si pasaba quince días sin ver a ninguno de los dos, armaría un berrinche monumental.
—Creo que tu abuela tiene mucha razón —apoyó Brunilda Vargas—. Aldi va por trabajo, así que no vayas a causarle problemas.
Un grupo entero de personas estaba dándole lecciones a Rogelio, como si fuera él el niño desobediente.
Sí. Mucho más inmaduro que Maximiliano.
—Está bien —cedió Rogelio, sin insistir más, y habló con voz grave—: Puedes reportarte en cualquier momento, te llamaré constantemente para saber que estás bien.
—De acuerdo.
Sabiendo que esta era su mayor concesión, Aldana no puso más objeciones.
***
A finales de mes.

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