El pequeño se aferró a los brazos de su papá, con el rostro empapado en lágrimas por tanto llorar.
Estaba desconsolado.
—No tengas miedo, papá está aquí. —Rogelio acomodó a Maximiliano contra su hombro y le dio suaves palmaditas en la espalda.
—Buuu...
Al escuchar la voz de su papá y sentir su respiración, el llanto de Maximiliano fue cediendo poco a poco, hasta convertirse en pequeños hipos entrecortados.
—!!!
Los ejecutivos miraban la escena, completamente atónitos.
Sabían que el presidente vivía para complacer a su esposa, pero no imaginaban que también era un esclavo de su hijo.
—Ustedes no entienden nada —susurró alguien a su lado—. ¿Saben por qué el presidente adora tanto al joven amo?
—Pues porque es su hijo, ¿no?
—Por supuesto que no —respondió el hombre con una sonrisa—. Es porque lo dio a luz su esposa; el presidente ama todo lo que tenga que ver con ella.
—Aaaah...
Todos asintieron, iluminados. Ahora todo tenía sentido.
—Se levanta la sesión.
Unos minutos después, Rogelio soltó la frase y se llevó a Maximiliano en brazos hasta la oficina de presidencia.
Lo sentó en el sofá y tomó una toallita húmeda para limpiarle la carita.
—Más tarde haremos videollamada con mamá, no puedes estar todo sucio.
—Iyaaa...
Maximiliano miraba a su papá sin parpadear, moviendo los labios.
Una vez que lo dejó reluciente.
Rogelio sentó a Maximiliano en su regazo, tomó el marco de fotos que estaba en el escritorio y se lo puso enfrente, enseñándole con muchísima paciencia: —¿Quién es, bebé?
El Suertudito sostuvo la foto de su mamá, con los ojitos brillando.
Mamá.
—Es mamá, ¿verdad? —Rogelio le revolvió el cabello con ternura—. Repite con papá, di ma-má.
Él quería que la primera palabra de su hijo fuera «mamá».
Maximiliano abrió la boca, esforzándose muchísimo por imitar los sonidos de su papá.
El resultado fue que no logró articular palabra, pero sí soltó una buena cantidad de baba.
—Je. —Rogelio se río ante su adorable expresión, le limpió la barbilla y le preguntó con dulzura—: ¿Extrañas a mamá?

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