—¡Mamá!
Al ver que Aldana sonreía a través de la pantalla, el pequeñín empezó a llamarla con más entusiasmo.
Una y otra vez.
Una infinita ola de ternura inundó el corazón de Aldana.
Antes de que ella se fuera, el bebé aún no sabía decir ni una palabra.
¿Cómo había aprendido tan rápido?
Aldana miró un poco más allá de la pantalla y preguntó en voz baja:
—¿Qué usó papá para sobornarte? ¿Galletas de arroz?
Esa era la golosina favorita del pequeño Max.
Al escuchar «galletas de arroz», a Maximiliano le brillaron los ojos y volteó inmediatamente a ver a su papá.
—¿Hasta eso pudiste adivinar?
Rogelio estaba sumamente satisfecho con el desempeño de su hijo. Miró profundamente a su esposa, con los labios curvados en una sonrisa.
—La primera palabra de nuestro bebé fue mamá. ¿Estás feliz?
—Sí.
Con los ojos brillantes, Aldana movió sus labios rojos para llamar a Maximiliano:
—Pequeña zanahoria, mira a mamá.
—¡Mmm!
Maximiliano centró su atención en ella y agitó sus manitas hacia la pantalla.
—Aprende de mamá, di pa-pá. —Aldana articuló lentamente con los labios—: Pa... pá...
Rogelio miraba con ojos llenos de adoración cómo su esposa hacía el intento.
A este niño había que rogarle y sobornarlo con comida para que soltara una palabra.
¿Quién iba a imaginar que al segundo siguiente...?
Maximiliano abrió los labios y, balbuceando un poco, dijo:
—Pa... pá...
—¿?
La sonrisa de Rogelio se congeló en su rostro; miraba a Maximiliano sin poder creerlo.
—¿Qué acabas de decir? Dilo otra vez.
Maximiliano se giró hacia Rogelio y articuló con total claridad:
—¡Papá!
—¡!
¡Rogelio se quedó atónito!
Le había costado sangre, sudor y lágrimas, entre mimos y sobornos con galletas de arroz.
Se había quedado sin saliva de tanto repetirle para que por fin aprendiera a decir «mamá».
¿Y con Aldi solo bastó que se lo dijera una vez y ya lo había aprendido?
¡Esto lo hacía sentir como un inútil!
—Solo estaba haciendo la prueba, ¡quién iba a pensar que sería tan cooperativo! —Aldana alzó una ceja, sonriendo con triunfo—. Qué bebé tan bueno, cuando mamá regrese te comprará muchos dulces.
—¡Mamá!

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