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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 350

En ese instante, todos los artículos terroríficos que había leído sobre la depresión posparto inundaron su mente, provocándole un mareo inmediato y haciéndolo temblar de forma incontrolable.

Lucio salió corriendo de la habitación y buscó a Úrsula por todas partes sin encontrarla. Estaba a punto de volverse loco cuando, al levantar la vista, vio que la puerta del cuarto del bebé estaba ligeramente abierta y había luz en el interior.

Caminó hacia allí conteniendo la respiración y se asomó por la rendija.

Vio a Úrsula en camisón, inclinada sobre la cuna. Tenía la mano suspendida en el aire, dudando durante un buen rato antes de tocar con extrema delicadeza los deditos de la pequeña.

Eran tan suavecitos y delicados.

Úrsula no se atrevía a presionar, y todo le parecía irreal.

Lucio la observó durante un rato antes de escucharla susurrar:

—Milena, yo soy tu mamá.

Después de decirlo, se sintió extraña, tan avergonzada que intentó apartar la mano.

Pero, aunque Úrsula apenas la había abrazado o cuidado, Milena parecía tener un instinto natural para reconocerla, porque de repente agarró los dedos de Úrsula con sus manitas.

Úrsula se quedó paralizada.

Milena solía estar muy despierta y enérgica por las noches. Tenía varias niñeras encargadas de cuidarla, pero en ese momento Úrsula las había mandado a descansar.

La pequeña supo elegir su momento, porque, sin previo aviso, empezó a llorar a mares, siendo igual de ruidosa y alborotadora que su padre.

Úrsula estaba abrumada y no sabía qué hacer, hasta que Lucio empujó la puerta y entró.

Con gran habilidad, él preparó el biberón con leche de fórmula y se lo dio a la niña. Efectivamente, Milena dejó de llorar.

Úrsula observó todo desde un lado.

Lucio comentó:

—Casi siempre llora porque tiene hambre.

Úrsula asintió y dio media vuelta para irse.

Lucio la abrazó por la espalda y le dio un beso en el lóbulo de la oreja:

—Es nuestra hija, puedes venir a verla cuando quieras, no tienes que esconderte.

Úrsula no respondió.

Lucio estrechó su delgado cuerpo contra el suyo y le habló con suavidad para animarla a abrirse:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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