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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 353

El día de Año Nuevo fue una verdadera fiesta.

Lucio había reservado una mesa en un buen restaurante para cenar con Úrsula. Su plan era dar un paseo junto al río por la noche y esperar juntos los fuegos artificiales. Sin embargo, su antigua lesión en la pierna recayó y terminó internado en el hospital.

Úrsula no tenía ni idea; Lucio prefirió ocultárselo e inventó que había surgido un viaje de negocios urgente.

Tomás, a escondidas, le mandó la dirección del hospital a Úrsula, aunque en el fondo dudaba de que ella se presentara.

Pero para sorpresa de todos, ella sí apareció.

Cuando Lucio la vio entrar a la habitación, se quedó pasmado. Volteó a buscar a Tomás, pero su amigo ya había desaparecido por arte de magia.

Úrsula entró en la habitación y comenzó a sacar, uno por uno, los recipientes de la cena que Rosa le había preparado.

La mirada de Lucio estaba clavada en ella, sin parpadear.

Después de acomodar la comida, Úrsula se acercó a la cama:

—¿Necesitas que te ayude a levantarte?

La verdad era que Lucio podía caminar perfectamente con su bastón, pero al escuchar su oferta, se sintió súbitamente débil.

—Creo que sí, por favor —respondió.

Úrsula lo tomó por los hombros y Lucio dejó caer gran parte de su peso sobre ella.

Avanzaron lentamente hacia el sillón.

Úrsula mantenía la vista baja, concentrada en sus pasos, mientras Lucio la observaba de reojo, con una sonrisa ladeada en el rostro.

Al llegar, ella lo ayudó a sentarse despacio. Pero justo cuando Úrsula se dio la vuelta para sentarse a su lado, el brazo de Lucio salió de la nada, la atrapó por la cintura y la sentó de golpe sobre sus piernas.

—Te va a doler la pierna —lo regañó Úrsula.

Lucio rozó sus labios contra la mejilla de su esposa.

—Al verte se me quitó todo el dolor.

Antes le dolía de verdad, pero en ese instante ya no sentía nada. A Lucio no le hacía falta ir a ver los fuegos artificiales; su corazón sentía que explotaba de alegría.

Úrsula intentó levantarse, pero él no la dejó.

—Y todavía dices que no me quieres... pero apenas supiste que estaba en el hospital, viniste corriendo —la provocó.

Úrsula apretó los labios.

—Fue Milena la que me mandó a verte.

Lucio soltó una carcajada sorda, apoyando la cabeza en su hombro y dándole un suave pellizco en la cintura.

—Adivina a quién le creo más.

Besó el pequeño lunar rojizo detrás de su oreja, sintiéndose triunfante, como si hubiera descubierto su mayor secreto.

—Estás preocupada por mí, admítelo. Eres una orgullosa.

—No estoy siendo orgullosa. Me voy a casa —replicó ella.

Hizo el amago de irse de inmediato.

Esta vez Lucio no la detuvo. Pero justo cuando Úrsula se puso de pie, él dejó escapar un siseo de dolor. No dijo una palabra, pero quedó clarísimo que la pierna le estaba matando.

Instintivamente, Úrsula se dio la vuelta.

Y antes de que pudiera reaccionar, Lucio la arrastró de nuevo a sus brazos.

¡Lo había hecho a propósito! Con tono juguetón, soltó:

—Te atrapé otra vez.

Sus ojos brillaban de pura felicidad.

Lucio ya había dominado el arte de hacerse la víctima.

Y siempre le funcionaba a la perfección.

Resignada, Úrsula se dejó quedar en su regazo:

—Come algo primero.

Lucio negó con la cabeza.

—No tengo hambre.

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