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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 589

Renato no le cortó el contacto con el mundo exterior, pero sí le restringió la libertad.

Magdalena condujo su auto hasta los portones de la villa. Dos guardaespaldas estaban plantados allí como árboles inamovibles, y el enorme portón de hierro estaba cerrado con candado.

Tocó el claxon con insistencia, y el ruido estridente rompió la paz de la casa. Pero por más que presionara el volante, nadie abrió la puerta.

Sintió que la sangre le hervía. Tenía ganas de pisar el acelerador a fondo y embestir el portón; lo peor que le pasaría a ella sería un golpe leve, pero esos dos seguramente perderían la vida.

Abrió la puerta de golpe, bajó del auto y caminó hasta quedar frente a los guardaespaldas, fulminándolos con la mirada:

—¡Voy a salir, apártense de mi camino!

Ambos hombres permanecieron inmóviles y sin expresión, como si le hablaran a la pared.

Como la ignoraron, intentó abrir el portón ella misma. Apenas dio un paso hacia la estructura de hierro, uno de los hombres extendió el brazo para detenerla:

—Joven señora, el presidente Jiménez dio órdenes estrictas de que no puede salir.

El rostro de Magdalena irradiaba pura indignación:

—Ya que me llamas 'joven señora', significa que yo también soy tu jefa. ¡Dije que voy a salir, quítate!

El guardaespaldas no se movió ni un milímetro:

—Por favor, regrese adentro, joven señora.

A Magdalena le dolió el estómago del coraje, pero al verse impotente, no le quedó más remedio que volver al auto, dar la vuelta y regresar al garaje.

Al bajarse, sacó su celular y llamó a Renato. Apenas contestaron, gritó su nombre:

—Renato Jiménez, ¿qué demonios significa esto?

Sin embargo, no fue Renato quien contestó. La voz de Camilo resonó por el auricular:

—Joven señora, el presidente Jiménez está en una junta.

Magdalena se quedó paralizada. Su pecho subía y bajaba agitadamente por el coraje, y esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo:

—¿De verdad está en una junta o simplemente no quiere contestarme y te obligó a hacerlo?

Camilo se encontraba justo afuera de la sala de reuniones. Miró hacia la puerta cerrada a sus espaldas y respondió con total sinceridad:

—El presidente Jiménez de verdad está en una reunión.

Magdalena respiró hondo para intentar calmar la ira que sentía atorada en el pecho:

—Bien, si no puedo hablar con él, hablaré contigo.

Camilo se alejó unos pasos para tener más privacidad:

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