Se bajó del auto, caminó directo hacia ellos y fue directo al grano:
—Señor Huerta, ¿dónde está Lucía?
Javier estaba a punto de reprocharle a Sabrina por haber ido a la empresa sin avisar, mientras ella le hacía mimos. Las palabras de Magdalena rompieron el encanto y arruinaron el romance en el acto.
Él giró la cabeza para mirarla, sintiendo que su voz le resultaba un tanto familiar:
—Disculpe, ¿usted es...?
Ella miró de reojo a la mujer que acompañaba a Javier. Era más o menos de su misma edad, vestida a la moda y con un aire muy caprichoso. Luego regresó su mirada hacia él:
—Soy amiga de Lucía. ¿Dónde está?
Javier reconoció al instante que se trataba de la misma mujer que le había marcado en la mañana:
—¿Me llamaste esta mañana?
—Así es —Magdalena no lo ocultó. Ya había supuesto que él no iba a revelar el paradero de Lucía tan fácilmente, así que había ido a enfrentarlo directamente. Su tono debía ser firme para poder imponerse.
Javier frunció el ceño:
—Ya te lo había dicho por teléfono, está enferma y descansa en casa.
Ella lo desenmascaró sin ningún reparo:
—Ya fui a Residencial Los Olivos y la empleada me dijo que no estaba.
Él se arrepintió internamente de no haberle dejado claras las instrucciones a la mujer que trabajaba en su casa, pero no dejó que se notara en su rostro:
—A lo que me refería por "casa" es a la Mansión Huerta.
—¿Ah, sí? —la mirada de Magdalena se clavó en su rostro, tratando de discernir la verdad a través de sus gestos. Sin embargo, no sabía si este hombre estaba diciendo la verdad o si lo ocultaba tan bien que no pudo detectar ni la más mínima falla.
Javier no evadió su mirada en lo absoluto y respondió con total naturalidad:

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