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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 796

La fecha de la boda ya estaba fijada. Susana se encargaría de enviar las invitaciones a los invitados, mientras Renato se tomó una semana libre para llevar a Magdalena a Roma a tomarse las fotos previas a la boda.

Como Noé era tan pequeño, a Magdalena le rompía el corazón dejarlo por tanto tiempo, así que acortaron el viaje al máximo, logrando hacerlo todo en solo tres días.

A su regreso de Roma, Renato le pidió a Camilo, quien los fue a recoger al aeropuerto, que llevara a Magdalena a la Mansión Jiménez mientras él se dirigía directamente a la empresa.

Como andaban con el tiempo medido, no habían podido comprar regalos en Roma para nadie. Al pasar por la Plaza de la Era, Magdalena le pidió a Camilo que se orillara; quería entrar a la Repostería Nube Dorada para comprar los postres favoritos de Susana.

Mientras esperaba a un lado para que le empacaran el pedido, volteó por accidente y se dio cuenta de que la mesera que estaba atendiendo una mesa cercana era nada menos que Irene Blanco.

Los clientes en esa mesa resultaron ser Andrés Vargas y Daniela Toledo. Quién sabe qué le habían dicho, pero el rostro de Irene se volvió pálido de golpe, como si estuviera haciendo un gran esfuerzo por contenerse.

Conociendo a Andrés Vargas, seguramente estaba humillando a Irene.

En el pasado, todos se habían dejado engañar por esa carita de inocente. De no ser porque Lázaro Guzmán había descubierto a tiempo sus nexos con Leonardo Guzmán, probablemente habría caído en su trampa.

...

Andrés miró a Irene con frialdad y una sonrisa cargada de sarcasmo:

—Irene... oh, perdón, debería decir Ivonne Blanco. Tu patrocinador, Leonardo Guzmán, terminó en la cárcel, ¿y tú también te fuiste a la ruina? ¿No le sacaste suficiente dinero antes de que lo atraparan?

Irene guardó silencio.

—Cuando andabas con Lázaro, te dabas la gran vida, ¿no? Tus bolsos y ropa, ¿cuándo no eran de diseñador? Y ahora mírate... —Andrés la repasó de pies a cabeza. Llevaba el uniforme de mesera, unos tenis gastados y el cabello recogido. No quedaba ni rastro de la mujer deslumbrante que solía ser.

Irene hizo un gran esfuerzo por contenerse. Las burlas de Andrés hicieron que su rostro se tornara lívido y sus ojos se llenaran de lágrimas.

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