—No te lo diré —dijo Magdalena Sarmiento con una sonrisa radiante y cautivadora, al ver que él moría por saber la respuesta.
Javier Huerta la fulminó con la mirada.
—Tú...
Lucía Leyva bajó las escaleras con su equipaje. No tenía muchas cosas, solo una maleta y un bolso de mano.
Magdalena se levantó del sofá y se acercó para ayudarla, pero Lucía, consciente de su embarazo y de que la maleta pesaba un poco, no se lo permitió.
—Yo puedo sola.
El rostro de Javier se ensombreció mientras miraba a Lucía y soltó una risa fría.
—¿Vas a buscar a Mauricio Luján?
Lucía le dirigió una mirada fugaz y, diciéndole a Magdalena «vámonos», se dirigió hacia el recibidor en silencio, seguida de cerca por su amiga.
Javier se adelantó rápidamente y agarró a Lucía por la muñeca. La indiferencia de ella lo enfurecía.
—¡Te estoy hablando! —exclamó con dureza.
Lucía forcejeó, pero no logró zafarse de su agarre. Lo miró con frialdad.
—Señor Huerta, por favor, suélteme.
Javier seguía aferrando su brazo. Magdalena se acercó y lo miró con gélida calma.
—Señor Huerta, Lucía ya se divorció de usted y no tienen ninguna relación. Le pido que la suelte.
Javier miró a Lucía con una terquedad sombría en los ojos, como si estuviera decidido a no dejarla ir hasta que ella le respondiera.
El ambiente se volvió tenso. Lucía se negaba a hablar y Javier se negaba a soltarla. Magdalena sacó su celular, dispuesta a llamar a la policía.
Al ver esto, Sabrina se acercó y tomó a Javier del brazo.
—Javier, ella ahora es solo tu exesposa. Déjalas ir.
Javier soltó a Lucía. Mientras ella arrastraba su maleta hacia la salida, Magdalena pasó junto a él y esbozó una leve y fría sonrisa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza