Lo único que vio fue a la persona tirada en el suelo, llevando un abrigo gris oscuro; sus mangas estaban teñidas de negro por la sangre. Su rostro pálido tenía un corte que iba desde la frente hasta el pómulo; la sangre cubría la mitad de su cara, como si alguien hubiera salpicado pintura roja sobre un lienzo.
Orfeo.
Sus rodillas golpearon el asfalto. Extendió las manos presas del pánico para cubrir la herida de su brazo, y la sangre brotó entre sus dedos.
Su brazo estaba doblado en un ángulo antinatural, probablemente roto, así que no se atrevió a moverlo. Simplemente presionó la palma de su mano contra el corte más profundo, presionando con fuerza, tanta que sus propias manos temblaban y sus uñas se clavaban en sus palmas.
"Orfeo", lo llamó por su nombre, con un tono lleno de terror. "¡Orfeo!"
Él no reaccionó.
"¡Llamen a una ambulancia, rápido!" Emilia se derrumbó en un instante. Mauricio, que la había seguido, presenció la escena y, lleno de pánico, sacó su teléfono para llamar a emergencias.
"No te pasará nada", le repetía Emilia con la voz temblorosa a Orfeo. "¿Me escuchas? Vas a estar bien. ¿Me estás escuchando, Orfeo?"
La ambulancia no tardó en llegar. Emilia se subió de inmediato y Mauricio tuvo que ir detrás conduciendo.
Esa noche todos en el estudio se quedaron atónitos. La noticia del accidente del jefe se propagó tan rápido como la pólvora.
Angustiada por la vida de Orfeo, Emilia marcó el número que siempre pensó que nunca usaría. "¿Hola? Señorita Melisa, lamento muchísimo molestarla tan tarde".
Con la voz entrecortada y llena de lágrimas, le contó sobre el accidente de Orfeo. En su casa, Melisa se puso seria de inmediato y se levantó. "No te desesperes, voy para allá ahora mismo".
Al verla cambiar de actitud, Dani Soto le preguntó: "¿Qué pasó?"
Melisa se puso un abrigo rápidamente y caminó hacia la puerta. "El tío Orfeo tuvo un accidente, podría ser un atentado".
El semblante de Dani se oscureció un poco y dijo en un tono profundo: "Yo me encargo de esto. Tú ve rápido al hospital, lo importante es salvarle la vida".
Melisa se apresuró hacia el Hospital de los Santos. En cuanto se supo que el herido era Orfeo, el hospital movilizó a todos los especialistas de todas las áreas.
El quirófano del Hospital de los Santos estaba en el tercer piso. Emilia lo había seguido en todo el trayecto: de urgencias, a la sala de revisión y hasta las puertas del quirófano. Solo cuando las enfermeras la detuvieron, se dio cuenta de que sus manos aún temblaban y que tenía sangre seca bajo las uñas, una sangre que no era suya.
Al ver la constante entrada de médicos prestigiosos, Emilia trató de mantener la calma.
Sabía que el Hospital de los Santos pertenecía a Melisa Serrano y que ahí estaban reunidos los mejores especialistas de toda Santa María. Ellos seguramente lograrían salvarlo.
Mauricio se quedó callado e hizo el amago de quedarse acompañándola, pero Emilia lo empujó levemente diciendo: "Vete, de verdad, estaré bien aquí. No quiero retrasar tu trabajo".
Mauricio lo pensó por un momento y asintió. "Mándame un mensaje cuando llegues a casa".
Emilia asintió. Se quedó allí sola hasta las cuatro de la madrugada, cuando por fin se abrieron las puertas del quirófano.
Estaba casi dormida, pero al escuchar el ruido se levantó de un salto y se acercó con los ojos enrojecidos de cansancio para preguntar: "¿Cómo está?"
Melisa fue la última en salir. Se quitó el cubrebocas y miró a Emilia, notando de inmediato la ansiedad y el afecto en sus ojos.
Tomó la iniciativa de preguntar: "¿Cómo es posible que haya estado tan desprevenido? ¿Un accidente de auto en ese lugar?"
Emilia se quedó atónita por un segundo, y luego explicó: "Es que esta noche..."
Dudó un momento antes de continuar: "Esta noche mi novio me declaró su amor, y luego me enteré de que había invitado a todos los del estudio".
Melisa entornó los ojos ligeramente...

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